Nadia Comaneci: «Mi hijo es mi mejor medalla»

La mejor gimnasta de la historia vive cada día «intentando alcanzar el diez»

Nadia Comaneci ha viajado a Madrid como enviada especial de la Fundación Laureus
Nadia Comaneci ha viajado a Madrid como enviada especial de la Fundación Laureus

Es una mujer diez. Y con certificado. Nadia fue la primera deportista de la historia en obtener esa puntuación redonda en una disciplina olímpica. Entonces tenía 14 años. La que tuvo, retuvo. Y algo más. Va camino de los 50 sin ceder un gramo a la báscula y ganando altura a golpe de Louboutin. Así recibió a LA RAZÓN, antes de pisar el polideportivo de San Blas –peligro, territorio Esteban– como enviada especial de la Fundación Laureus. Allí, con chándal y sin Andreíta, corrigió posiciones y aupó a más de una en las paralelas sin perder la sonrisa. «Como atleta sé lo que el deporte puede hacer por las personas, y cuando hace diez años me propusieron en Laureus utilizar el deporte como medio de integración, me resultó fácil y atractivo».

-¿Sabe que ha hecho historia?-Cuando aquello ocurrió, no era muy consciente, tampoco lo buscaba. No fui a competir para hacer historia. Lo que hace historia es el diez, pero seguramente la gente no recuerde cuántas medallas conseguí. Más tarde, al viajar por todo el mundo, sí me he dado cuenta de la trascendencia por cómo me ven.

-Le tocó vivir y sufrir la Guerra Fría. Incluso huyó de su país. ¿Cómo ve ahora Rumanía?-Voy cada dos meses porque tengo un hospital para niños. Los rumanos se están dado cuenta de que siempre se puede hacer más por avanzar.

-Su madre la llamó Nadia por la heroína de una película. No sé si cree en el destino, pero se convirtió en una heroína real. -El destino está ahí, nosotros de alguna manera lo reescribimos. Nacemos con unas cualidades, pero tienes que saber desarrollarlas. Hay muchos niños que tienen talento, a lo mejor no están en el momento adecuado y con la persona idónea.

-Montó con su marido su propia academia en Oklahoma. ¿Se potencia ahora más el talento?-Hace 30 años intuíamos cosas. Ahora hay más investigación. Un niño, con su actitud, ya te dice si el deporte le gusta o no. Nuestra misión es mirarle a la cara y descubrirlo. Las cosas dejan de ir bien cuando no somos realistas con las expectativas que tenemos sobre él.

-Aluvión de medallas de China en Pekín: ¿lo están haciendo muy bien o hay algo oscuro en el entrenamiento con los niños?-El deseo de China era conseguir una meta, y su esfuerzo les llevó a superarla con un trabajo duro. Además, la motivación de los niños allí es mayor, pues proceden de familias humildes, y destacar en un deporte conlleva cambie el nivel de vida. En un país desarrollado es más dificil que un joven se comprometa y se esfuerce. También tienen una gran población. Allí hay miles de niñas que practican gimnasia, en Rumanía hay sólo 300.

-¿Por qué se merece hoy la Comaneci un diez?-Me quedaría con el que conseguí en la gimnasia. Ése es mi diez. En mi vida actual intento que todo lo que hago se acerque a ello. El problema es otro: ¿qué es hoy un diez?

-¿A quién daría un cero?-Aunque supiera a quién dárselo, nunca lo haría. Crearte enemigos es muy fácil, prefiero no ayudarles.

-No le veo futuro como jueza...-Lo fui, pero al ser rumana y vivir en Estados Unidos, siempre había alguien que no estaba de acuerdo.

-Hace cuatro años se convirtió en madre, ¿su mejor medalla?-Mi hijo es más importante que todas las medallas que tengo, es mi prioridad, aunque lo compagino con el resto de cosas.

-¿Cómo recuerda a Samaranch?-Se preocupaba por el deportista como persona, ha estado presente en toda mi carrera deportiva. De hecho, el día de mi retirada, me impuso la orden olímpica. Siempre que me veía, hacía las mismas preguntas: «¿Eres feliz? ¿Hay algo que puede hacer por ti?».