«Anfitrión»: Roma se apunta a La Movida

Juan Carlos Pérez de la Fuente estrena en Mérida la comedia de Plauto con Natalia Millán y Roberto Álvarez

Hay que reconocerles a ciertas religiones politeístas de la antigüedad lo divertidos que llegaban a ser sus dioses. Pienso en el clasicismo griego y romano, que, en materia de deidades, cambiando este nombre por aquel, venían a ser lo mismo. Lujuriosos, farsantes, caprichosos, irascibles, humanísimos en definitiva, los habitantes del Olimpo campaban a sus anchas entre los hombres, haciendo y deshaciendo, abusando siempre que podían de la belleza mortal. El gran Júpiter –o sea, Zeus– era un pájaro de mucho cuidado: convertido en toro, cisne u oro en polvo, el impetuoso dios del rayo hizo perder a más de una ninfa o doncella aquello que debía guardar. De eso trata «Anfitrión», la obra de Plauto que desde hoy acogerán las piedras del Teatro Romano de Mérida. La nueva producción de Juan Carlos Pérez de la Fuente llega en estreno casi absoluto, con excepción de una representación en Santander; pero los nervios son los de un estreno: «En las últimas cuarenta y ocho horas no me he acostado», confiesa el director sin que le falte su habitual entusiasmo. «Anfitrión» ocupará hasta el domingo la programación emeritense, y los días 17, 18 y 19 de agosto se verá en los Jardines de Sabatini, dentro de los Veranos de la Villa de Madrid.

Allí donde Joan Ollé y su reparto pusieron sentimiento y poesía con «Hélade», Pérez de la Fuente, apoyándose en la versión que ha escrito Eduardo Galán, promete una descarga de humor y transgresión, acercando la historia del engañado soldado del título a la estética ochentera de La Movida. «Me he querido trasladar a un tiempo de libertad, cuando, saliendo de la dictadura, en aquellos años 80, vivimos una de las eclosiones estéticas y éticas más curiosas de Occidente, La Movida, no tanto la madrileña como la española en general, cuando gentes como Tino Casal se vestían con trajes de militares y lo hacían de forma tan divertida en un país tan serio como era el nuestro». El director madrileño da alguna clave más sobre un montaje en el que predomina el blanco y negro, con algún fogonazo de rosa: «Es esa estética que podía llevar Alaska, con una Alcmena con los pelos llenos de rastas, o lo que después ha sido Madonna. Todo eso unido a elementos transgresores y plásticos».

El general que regresa de la guerra victorioso y se topa con que Zeus ha adoptado su forma para colarse en su casa y gozar de su esposa lleva aquí los rasgos de Roberto Álvarez, mientras que Natalia Millán da vida a la deseada Alcmena. Junto a ellos, Jorge Roelas como Mercurio, Juanjo Cucalón como el engañado sirviente Sosia, Patxi Freytez como Júpiter y María Felices como Bromia . «Dicen los manuales del teatro romano que con esta obra nació la tragicomedia», comienza explicando el director sobre un montaje que «habla de los trastornos de la personalidad, que tanto han dado en el mundo no sólo de la dramaturgia, sino de la narrativa y el cine. A lo largo de veintitantos siglos hemos podido ver y leer infinidad de Anfitriones: pienso en Molière, en Giraudoux, en Von Kleist, en Borges, en Unamuno... en ‘‘Two Much''. El tema de la personalidad, de los dobles, es muy atractivo. Pero también estamos hablando del deseo sexual y del poder. No se puede concebir a Plauto sin ese salpimentado de crítica a los dioses, que son más humanos que nunca».

A su producción le toca levantar el ánimo: «Llevamos la responsabilidade en el festival de poner el humor. Y con la que está cayendo, hoy más que nunca hace falta que el humor aparezca en nuestras vidas, no como algo frívolo, sino como un motivo de reflexión. El objetivo del humor es que te haga pensar». Y recuerda que no ha de estar reñido con la elegancia en la puesta en escena: «Uno siempre tiene la sensación de que, si no transitas por la brocha gorda en las comedias, algo estás haciendo mal. Pero yo creo que no es así».

Cachondos y procaces
Eso sí, sin morderse la lengua. En tiempos de Plauto, o de Aristófanes, eran algo más libres, paradójicamente, que ahora, encorsetados como estamos en la corrección política. «Yo creo que sí. Y entonces no existía el teatro público, jugaban con sus bolsillos y eran valientes, cachondos, procaces. Y sabían, porque conocían muy bien a su público, que el espectador quería eso. Plauto nos da muchas lecciones», asegura el director, a quien no le gusta el humor primario de muchos montajes de Plauto.

Por más que los dioses que abusan de los mortales pudieran releerse en clave de tiburones de las finanzas, Pérez de la Fuente no ha tenido la tentación de contextualizar y hablar de crisis y banqueros, por más que reconoce que se imagine el Olimpo como «el Eurogrupo, con muchas personas con trajes grises». «Todo eso es cierto, pero no quería que se perdiese esa aventura maravillosa que corremos con estos personajes alocados. No creo que haya que ser tan evidentes. La palabra tiene un valor fundamental». Pero recuerda el director la famosa frase de Bertold Brecht: «Peor que robar un banco es fundar uno». Y añade: «Los dioses han abusado siempre y eran conscientes del poder que tenían, como lo son hoy en día los políticos. No olvidemos que cuando Plauto escribe esta obra Roma está ya en mitad de su decadencia, hay una crisis tremenda y los logros bélicos no se correspondían con los graneros, que estaban más bien vacíos. Qué curioso que ahora, que las arcas y los bolsillos de los españoles están igual, volvemos al humor». Y hace una reflexión: «España, a pesar de Cervantes, de Quevedo y de tantos buenos autores cómicos como hemos tenido, nunca se ha llevado bien con el humor. Nos ha parecido un género inferior. Eso me da pena. Las gentes del teatro y de la cultura en este país tenemos que reflexionar sobre eso. Es hora de que nos riamos un poco, inteligentemente, de todo esto que nos está pasando, ahora que países que considerábamos bárbaros nos están poniendo en tela de juicio, a nosotros, que nos considerábamos la cuna de tantos conceptos».

 

El detalle
KAFKA EN FEMENINO

Un simio que se enfrenta a un tribunal de sabios en una larga perorata. Hemos visto más de una vez el «Informe para una Academia» de Kafka –Ricardo Joven, José Luis Gómez y el menor de los Jodorwsky lo han representado en Madrid en los últimos años–, pero la tercera propuesta de Pérez de la Fuente para las noches de septiembre del Teatro Amaya tendrá algo nuevo: el mono será... una actriz: Luisa Martín.
 

Señoritas de posguerra
Pérez de la Fuente será uno de los protagonistas del verano madrileño. Además de su «Anfitrión», el 22 de agosto aterriza en el Teatro Amaya con el otro montaje que ha estrenado recientemente, «Orquesta de señoritas», una «pieza-concierto» cómica escrita por Jean Anouilh en 1957 en la que el director vestirá de mujer a Juan Ribó, que entró en el proyecto cuando la enfermedad hizo patente que Paco Valladares no podría estrenar un proyecto con el que estaba entusiasmado. «Era difícil, se trataba de buscar a alguien que cantara, bailara, tuviera sentido del ritmo y fuera buen actor». Con Ribó estarán Victor Ullate Roche, Francisco Rojas, Emilio Gavira, Juan Carlos Naya, Luis Perezagua y Zorion Eguileor.
«El jueves por la mañana, según llegue a Madrid, me pondré a transformar el Amaya, con 20.000 botellas de agua, en un gran cabaret». Así, ha llevado el texto de Anouilh a una visión «canalla, como de garito de la posguerra española, en ese Madrid con tantas luces y sombras que por el día tenía cartillas de racionamiento y por las noches a gentes como Hemingway y Ava Gardner». Sus señoritas pasarán del cuplé a la copla, y en el camino homenajearán a Álvaro Retana, «otro de los grandes olvidados en España, el creador de la novela pornográfica, que decía de sí mismo que era el novelista más guapo de España; pero, sobre todo, gran figurinista del arte mal llamado frívolo y autor de cuplés tan famosos como el "Ven y ven"o "Las tardes del Ritz"».