El ex secretario de Julio Iglesias se siente engañado por Jesús MARIÑAS

Julio Iglesias, junto a Antonio Banderas, en agosto en Marbella
Julio Iglesias, junto a Antonio Banderas, en agosto en Marbella

Me cuentan y no acaban sobre la que, parece, montó Carlos, hermano de Julio Iglesias, en la cadena televisiva que pretendía hacer un par de programas recogiendo lo que Tonxo Navas podía descubrir al evocar sus treinta años al servicio del cantante. El conocido como «hermanísimo» –acaso más millonario que el intérprete de «Me va, me va»–, movió Roma con Santiago para echar por tierra tal propósito. Tonxo fue durante décadas el imprescindible de quien vende simpatía como postura para enmascarar un genio de mil demonios. Julio solía enfadarse incluso cuando repasaba las revistas del corazón y no aparecía en portada. O al ver a su madre recién levantada con los rulos puestos, porque tenía coquetería hasta para echarse en la cama. «Es el Julio que yo pretendía transmitir ante su ingratitud», explica Tonxo.
Su durante tantos años imprescindible y mano derecha era el hombre que lo mismo le tenía lista la ropa de escena, como atendía a su madre, Charo de la Cueva, en el apartamento que compartían. Lo sabe todo y más de Julio: por qué riñó con el prudente Alfredo Fraile –hoy reinstalado en Miami con cadena propia de televisión–, o la complicidad con el mexicano Pepe Guindi, otro leal al que dio pasaporte, como igualmente hizo con Peñafiel, a pesar de que fue su padrino en la boda con la exquisita Carmen Alonso.
Sufrí lo mismo echándomelo a la espalda después de haber sido su único defensor en una España de los 80 que repudiaba su almibaramiento. Junto a Luis del Olmo organicé el primer concierto patrocinado por la Reina vía Ketty Corsini. Fue en Barcelona, en un campo del Barça abarrotado, al igual que se logró en el Bernabéu sin llegar a regalar la mitad del aforo como sucedió en la Ciudad Condal. Ante lo que era Radio Nacional de España, en el principio del Paseo de Gracia, se formaron colas interminables de aspirantes a una entrada con la que llenar aquello para no disgustar al artista.
El Julio casero y obsesionado es el inédito que Tonxo quería descubrir ahora que Iglesias ha incumplido la promesa de regalarle un apartamento como jubilación. Dio la paga y la señal pero quedan cien mil euros por pagar. De ahí la pretensión de su ex secretario y hombre de confianza de largarlo todo para salir adelante, ya que no tiene jubilación y aún le queda mucho por hacer. Conoce como nadie lo que existió, o más bien no hubo, entre Julio y Ana Obregón, a la que cedió su baño en Beverly Hills y cómo el divo se transformó tras asentarse junto a Miranda, madre de sus últimos hijos. Su hermano Carlos paró el golpe. Pero aún no desechan un proyecto tan esclarecedor.