Un reto difícil

La Razón
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María Dolores Cospedal no ha defraudado en su investidura. Se esperaba de ella un compromiso claro con la austeridad y el sentido común, y así ha sido. Lo dijo antes, durante y después de la campana. Lo ha repetido ahora con rotunda claridad: eliminará un 60 por ciento de los actuales altos cargos y 20 directores generales.

Dejará un solo delegado de la Junta por provincia, reducirá considerablemente las empresas públicas, suprimirá organismos que pueden funcionar desde la Administración Central, como es el caso del Defensor del Pueblo, y reducirá subvenciones a sindicatos y partidos. Un bloque de medidas que me recuerda al que anunció Aznar cuando tomo posesión como presidente de la Junta de Castilla y León al comprometer una gestión medida y sin derroche, lejos de lo que ha sido norma en algunas administraciones socialistas en los últimos años.

No lo va a tener fácil la nueva presidenta de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Hereda una autonomía en quiebra, agobiada por la deuda y desequilibrada por el déficit presupuestario. No va a encontrar dinero para pagar lo fundamental, pero saldrá adelante. Es Cospedal una mujer dura, acostumbrada a superar retos difíciles. Difícil era ganar, y lo logró. Difícil era meter en vereda al partido que salió del Congreso de Valencia, y lo ha gobernado con la autoridad que le dio Rajoy. Muchos desde dentro la descalificaron desde el primer día. A todos les ha demostrado que no sabían lo que decían ni quién era y es Cospedal. Ahora ya lo saben.

Sabemos los que la conocemos que no le va a temblar el pulso a la hora de gobernar, igual que no le ha temblado como secretaria general del PP. La presidenta castellano-manchega no lo ha tenido fácil para llegar al puesto que ocupa. Tuvo que soportar internamente codazos y zancadillas. Ahora, como es lógico, sólo recibe elogios. Es lo que ocurre cuando se toca poder. Aunque ella sabe distinguir bien entre el heno y la paja, por mucho que a veces ambas cosas parezcan lo mismo.