Las dictaduras del Golfo envían soldados a Bahréin para sofocar la revuelta popular

Los países del golfo Pérsico han enviado soldados y policías a Bahréin para mantener la seguridad del pequeño reino, en una decisión muy criticada por los grupos opositores, que consideran la medida un acto de guerra contra la población civil. Varios testigos confirmaron a Efe que vieron a las tropas por la Calzada del Rey Fahd, el puente que une Arabia Saudí con la isla bahrení.

Vehículos blindados del Ejército de Arabia Saudí atravesaban ayer el puente que une la península arábiga con la isla de Bahréin
Vehículos blindados del Ejército de Arabia Saudí atravesaban ayer el puente que une la península arábiga con la isla de Bahréin

Asimismo, la televisión estatal mostró imágenes de varios vehículos blindados circulando por las carreteras, sin especificar su país de origen, aunque la cadena qatarí Al Yazira señaló que se han desplegado ya unos 1.000 militares saudíes.

La agencia de noticias estatal de Bahréin, BNA, explicó que las llamadas «Fuerzas Conjuntas blindadas de la Península», como se denomina a las tropas del Consejo de Cooperación del Golfo, se dirigen al reino por «la situación actual que amenaza tanto su seguridad como la de los ciudadanos». El despliegue se produce bajo el paraguas del llamado pacto de defensa conjunta del CCG, aunque el Gobierno de Manama no haya hecho ningún llamamiento público para requerir fuerzas extranjeras. Si bien el grueso de la operación de seguridad corresponde a los saudíes, participan con contingentes menores Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos. Las tropas se han desplegado en torno a edificios oficiales, la residencia del rey y el centro financiero.

La oposición bahreiní, que incluye a grupos islámicos chiíes, panarabistas, comunistas y liberales, ha enviado una carta al secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, pidiendo que se proporcione protección a los civiles y se lleve el asunto al Consejo de Seguridad. La oposición afirma que hay divisiones dentro del Gobierno bahreiní y que algunos sectores intentan sabotear los esfuerzos del príncipe heredero, Salmán bin Hamad al Jalifa, para alcanzar un acuerdo y evitar las tensiones entre suníes y chiíes