El «mausoleo» del Thyssen

Francesca, hija del barón, presenta en Gijón su colección y dice que nunca podría haberla acogido el museo de Madrid porque no tiene «sentido del humor»

En la imagen, Francesca de Habsburgo-Lorena, hija del Barón Thyssen
En la imagen, Francesca de Habsburgo-Lorena, hija del Barón Thyssen

El cielo de Gijón está cubierto y llueve. En el interior de La Laboral, las obras de Pipilotti Rist, Maurizio Cattelan, Carsten Höller, Ernesto Neto y Ai Weiwei aguardan a cubierto una inauguración sonada (tanto que hubo hasta duelo nocturno de DJ's). Y es que la ciudad anda medio revolucionada con la llegada de Francesca Thyssen, quien ha dejado temporalmente a este imponente espacio universitario una parte de su colección. «Empecé a principios de la década, no llevo mucho. No me gusta la palabra coleccionista, más bien soy una conductora del arte. Antes había mecenas, pero las cosas han cambiado. Aunque por tradición familiar parezca que llevo una etiqueta en la frente que dice "coleccionista", no me veo así», explica la hija del barón Thyssen delante de una instalación de Monika Sosnowska, una obra de 2004 que simula un laberinto de puertas.


Ella es el reclamo
Comenta una a una las piezas, vive cada explicación como una sucinta clase de arte contemporáneo. Al poco de arrancar el recorrido posa delante de «Your uncertain shadow (colour)», una obra de este año que firma Olafur Eliasson, con los brazos en alto, con gesto gitano, como diciendo «aquí estoy yo». Ella, y lo sabe, es el principal reclamo de esta impresionante veintena de piezas formada por instalaciones de considerable tamaño que han encontrado en este espacio blanco casi un hábitat natural. Las obras podrían haber recalado en Madrid, en el museo de la familia; sin embargo, los desencuentros más que sabidos con Carmen Thyssen, la última esposa del barón, la han desplazado hasta el norte: «En el Thyssen no se iban a exponer, allí sería imposible encontrar ese mínimo sentido del humor que necesita. Primero hay que resolver el futuro de la colección y ver qué sucede para llegar a un acuerdo. Además, no es un centro de arte contemporáneo. De ahí que hallara en Gijón esa audacia que buscaba y ese carácter de futuro». Califica de «mausoleo» el museo y añade una pincelada más: «Los estatutos dicen que cualquier miembro de la familia puede aportar obra para que siga creciendo. Contemplo esa posibilidad con mi colección, pero otros no lo ven así. No creo que nadie deba cerrar la puerta al arte».

 

Los Macarrón y más
A tenor del tamaño de lo expuesto, habría que haber descolgado (o trasladado temporalmente) más obras que los retratos de Carmen Cervera y su esposo pintados por Macarrón. Sea como fuere, dice que ha encontrado el sitio perfecto (con ese toque de humor e ironía que busca y que en la capital brillan por su ausencia) y agradece a Rosina Gómez-Baeza, directora de Laboral Centro de Arte y Creación Cultural, su generosa acogida. Francesca Thyssen, de 52 años, creó en 2002 la Fundación Thyssen-Bornemisza Art Contemporary, que alberga más de 500 piezas y que tiene vocación de continuidad. Sus puertas están abiertas al arte contemporáneo y siempre que algún artista le dice: «Francesca, tengo una idea», al menos lo escucha. Eso le sucedió con «No History», de Doug Aitken, que confiesa es la más cara que ha tenido nunca.


«Mamá, no puedo dormir»
Eso fue lo que, según contó ayer, le dijeron a esta mujer, esposa del archiduque Carlos de Habsburgo, sus hijos la noche en que vieron «Inside» (2003), una obra de Michel Elmgreen e Ingar Dragset que forma parte de un proyecto que iniciaron en 1997. La pieza de La Laboral representa una puerta con una mirilla a través de la que se ve una figura (los ojos del personaje se te clavan) de alguien que está aprisionado. El realismo es tan impactante que los hijos de Francesca Thyssen apenas pegaron ojo porque creían que tras la puerta había alguien retenido que no podía escapar. Aunque si hay una pieza por la que declara su pasión es la de Ai Weiwei (lágrimas de cristal anaranjado sobre una columna rescatada de un templo Ming), que le costó al artista chino estar entre rejas. Y con gesto serio advierte que hay que tener mucho cuidado con la muy delicada de Ernesto Neto, en tela de nylon y que alberga arroz en su interior.