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Elsa Baeza /cantante: «No he sido pecadora Fui lujuriosa pero se me pasó»

La aparente contradicción de doña Elsa es que, considerándose mujer discreta, creyente y pudorosa, ha tenido tres maridos y se confiesa guerrera en el amor. Quizá le hubiera gustado, dice, un solo matrimonio, un amor eterno, ese sueño de la juventud a la sombra del árbol de la primavera y en el esplendor en la hierba, pero los astros se manifestaron ferozmente en contra: es Capricornio y en la casa del amor de su carta astral está Marte, «o sea, que tengo el amor guerrero, soy guerrera en el amor».

–¿Y en algo más?
–Soy guerrera en general, muy luchadora y responsable. Me interesan los afectos y las personas; no tanto el dinero, la fama y el triunfo personal.

–Empezó en el cine, en el 66 hizo «Nueve cartas a Berta», de Martín Patino. ¿Por qué no continuó?
–Porque después de hacer aquella gran película no acepté el destape. Soy bastante pudorosa. Los desnudos, para la intimidad, para los maridos.

–Usted ha tenido tres...
–Bueno, no es tan extraordinario, pero quizá sí un fracaso sentimental, porque cualquier separación es un fracaso. Quizá me faltara madurez, por ejemplo, para adaptarme al ritmo de trabajo de Valerio.

Valerio es, era, Valerio Lazarov, el único hombre del que Elsa Baeza guarda más de nueve cartas. El otro hombre de su vida fue su padre, el poeta chileno Alberto Baeza, que le enseñó el amor a la lectura y a los demás sin importar raza, ideología o religión, o sea, la tolerancia.

–En el 69 hizo otra película. «¿Por qué pecamos a los 40?». ¿Por qué pecamos pasados los 60?
–No he sido nunca mujer pecadora, ni lo soy ahora: no soy avariciosa, ni envidiosa, ni perezosa... Fui lujuriosa, pero se me pasó.

–Pasados los 60, más que pecado, la lujuria empieza a ser milagro...
–Sí, ja, ja, ja. Tiene razón. ¿Sabe lo que me parece pecado? Amasar grandes fortunas mientras la gente padece hambre y sed. La corrupción de los que mandan. ¿Quién hace algo de verdad contra los tiranos de África?

Tiene lo suficiente para vivir sin grandes lujos (nunca le gustaron) con sus dos perros, Pecas, el dálmata que heredó de Valerio, y Gabi, que ladra cuando suena el teléfono. Gabi por Gabriela Mistral: continúa la tradición paterna de poner a los perros nombres de poetas. Además, trabaja mucho: tiene galas en verano e invierno. Goza el presente y sigue el consejo del sabio hindú: «Vive el instante». Ha renunciado a la nostalgia.

–Tuvo un hijo con Valerio y otro con Joaquín Kremel. ¿Con quién le hubiera gustado tener un tercero?
–Mi mito erótico fue Marlon Brando: confieso que he tenido sueños eróticos con Marlon Brando. Me atraía como actor y como hombre.

–Tiene fama de mujer discreta. Le faltó valor para el escándalo, ¿eh?
–No me atrajo nunca, no me gusta exponer en el escaparate mis sentimientos, mis secretos ni mi cuerpo. Y así no se sale en la tele, claro. Sólo me llaman de «Qué tiempo tan feliz».

–¿Sabe si gusta a los hombres por su delicadeza, por su melosidad, por...?
–No me lo he preguntado nunca. No he sido guapa, sí atractiva. Lo sigo siendo, creo. Cuando se es atractiva, lo eres para siempre.

En el 75, los grandes éxitos como cantante: «El Cristo de Palacagüina», «El Credo», de Carlos Mejía Godoy, la «Misa Campesina Nicaragüense». Temas con aroma revolucionario que parten de la Teología de la Liberación, en la que Elsa cree. Nunca le tentó ser monja: recuerda que en su colegio le hacían bañarse con camisón. Le hubiera gustado ser musa de Walt Whitman, Rilke, César Vallejo o Machado. Elsa no cree en la felicidad: dice que sólo hay momentos felices, así que del pasado sólo retiene esos momentos vividos con sus padres, hijos y maridos, «porque mis ex maridos están entre mis amigos; fui amiga de Valerio hasta el último día de su vida». Si se le cita el futuro, habla de sus nietos. Tiene dos y espera un tercero de su hija Natalia. Le fascina ser abuela, «fíjese, hasta me han hecho futbolera, soy fanática del Real Madrid por mis nietos».

–Se va a pescar con ellos y me imagino que les consiente todo...
–No crea. No quiero nietos malcriados, les digo. Pero, sí, a los nietos hay que consentirlos.

–No sé si se considera una superviviente...
–Sí, puedo decir que sí. Soy una náufraga aferrada a la tabla del trabajo, del coraje, de los nietos y de los momentos felices.

Cuando estas líneas vean la luz, Elsa habrá sido operada por cuarta vez de su rodilla derecha y estrenará prótesis; el año pasado la operaron de la espalda. En un pispás estará otra vez en los escenarios, anunciándonos incansable y emocionada que Cristo ya nació en Palacagüina y que Ella, su Madre, «va a planchar muy humildemente la ropa que goza la mujer hermosa del terrateniente».