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Cine y crisis

La Razón
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No, no se trata del cine español. Sin embargo, la crisis política y social en la que estamos inmersos, junto con el desencanto resultante, me llevan a buscar alguna clase de amparo. El arte es el mejor refugio contra las mentiras de la realidad, contra la angustia existencial, económica o de toda índole. Y la muerte de D.Hopper nos obliga a echar una mirada hacia ese cine clásico, del que aún en mi generación disfrutábamos en las TV españolas, pero que ahora ha sido apartado de los medios. Si dejas a un lado Ben-Hur y dos más que pasan en Navidad, lo cierto es que el gran cine clásico no puede verse en la TV pública, salvo excepciones. Recordemos algunas de las más grandes películas de siempre. Los clásicos requieren un momento escogido, preferiblemente domingo por la mañana, con un café en la mano y con la persiana bajada. Recién levantados, con el duermevela aún aferrado a la primera vigilia. Así es como mejor se disfruta, como mejor te dejas imbuir por su hechizo. En honor a Hopper, citamos la última primero, Easy Rider 1963, y sigo hacia atrás con ¿Qué fue de Baby Jane? 1962, Viridiana 1961, La Palabra 1955, Cautivos del mal 1952, Eva al desnudo 1950, Las hermanas Munekata 1950, Sunset Boulevard 1950, La dama de Shanghai 1947, Breve encuentro 1945, Laura 1944, Ser o no ser 1942, Solo los ángeles tienen alas 1939, Sucedió una noche 1934… Cuando la realidad abruma, acude al arte, según Flaubert: «De todas las mentiras, es la menos falaz».