Laberinto judicial por Blanca Basiano

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Ni pancartas, ni teatrillo, ni Bardem y compañía. Ayer Garzón entró sin escuderos en el Supremo. Sólo se oyó algún que otro grito despistado. El séquito habitual que le acompaña en sus citas judiciales prefirió quedarse en casa. El show ya había dado sus frutos. Eso sí. El protagonista, fiel a su costumbre, hizo el paseíllo a pie, que es mucho más vistoso para salir en la foto. Tampoco quiso sentarse en el banquillo de los acusados, aunque lo sea. De nuevo, prefirió compartir silla con su abogado, vistiendo la inhabilitada capa de juez estrella que le da poderes de aforado. Una toga que volverá a quitarse para su esperado alegato final (se augura largo y enrevesado)y que, a buen seguro, se pondrá en su próximo envite judicial. La escena se repetirá en cinco días: Garzón desfilando hacia el Supremo jaleado por sus seguidores. La prevaricación, otra vez, saldrá a la palestra. Esta vez por investigar sin competencia, siempre presuntamente, los crímenes del franquismo. El súper juez entrará en la sala de la mano de un nuevo letrado; el mismo que, cosas de la vida, esa misma semana acompañará al Alto Tribunal a otro aforado, José Blanco, pero por otro asunto bien distinto, el llamado «caso Campeón». Todo un laberinto que se complica si lo aderezamos con otros procesos relevantes que se cocinan estos días en los tribunales. Llámese Palma Arena, Urdangarín, los ERE de Andalucía, o el «caso de los trajes» que, a este paso, nos va a costar un riñón. En este carnaval de vistas y citaciones es indispensable llevar un GPS judicial para no perderse.