ANÁLISIS: «Una forma de violencia doméstica»

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- El sufrimiento de estos progenitores queda solapado por la salud de los niños. Casi la mitad necesita asistencia psicológica una vez vuelven a su entorno familiar. ¿Los síntomas? Depresión, ansiedad, problemas cardíacos, estrés postaumátrico... Para la Fundación Child Care se trata de agresores, pues el rapto supone una agresión a los derechos del menor. Y no deja de ser una situación de violencia doméstica. No sólo porque el perfil corresponde en ocasiones al de una madre que sufre agresiones físicas. «En toda amenaza de sustracción hay una violencia psicológica», explica el presidente de la Fundación.

- 64% de los menores capturados no son recuperados
La mayoría de los raptos de niños no se resuelven de forma satisfactoria y sólo un tercio acaba con un retorno pactado.