La «Madrugá» ya está en marcha

Los pasos realizaron anoche los traslados solemnes a las estaciones

El Cristo de Mena, anoche, a su paso por la Puerta del Sol, minutos antes de encontrarse con la cofradía de El Prendimiento
El Cristo de Mena, anoche, a su paso por la Puerta del Sol, minutos antes de encontrarse con la cofradía de El Prendimiento

MADRID- Esta noche ha sido muy larga para los integrantes de todos los pasos que participarán en el Vía Crucis. Para que a las nueve de la mañana estuvieran hoy todas las cofradías en sus respectivas estaciones, los hermanos han hecho un traslado solemne de las tallas, en lo que podría ser un ensayo previo de lo que ocurrirá esta madrugada en las calles de la capital.
Los más madrugadores han sido los pasos malagueños. El Cristo de Mena, siempre escoltado por la Legión y por otros 400 militares de diversas nacionalidades –estadounidenses, japoneses e italianos–, salió de la Catedral Castrense a las diez de la noche con dirección al cuartel del Ejército del Aire. Allí, tras realizar una pequeña parada, recogió su trono y puso camino hacia la plaza de Cibeles, donde pasada la medianoche se encontró con la otra hermandad malagueña: El Prendimiento, que había comenzado su ruta a las 23:00 horas desde la sede del Ayuntamiento de Madrid. El saludo entre ambas tallas fue uno de los momentos más emotivos de la noche porque, tal y como reconoce Pedro Gallego, uno de los hermanos mayores de esta última cofradía: «Es un hecho especial porque las dos cofradías malagueñas se van a reunir en la plaza de Cibeles, que fue diseñada por el arquitecto, también oriundo de Málaga, Juan de Calatrava».
Los cuatro habitantes de la Colegiata de San Isidro fueron los siguientes en salir. A partir de las 3:30 de la madrugada partieron, en intervalos de diez minutos, el Jesús del Gran Poder, la Caída de Úbeda, la Candelaria de Jerez y el Despojado de Granada. En el lado opuesto, las cofradías más perezosas en tomar la salida fueron la Exaltación de la Cruz de Zamora, el Descendimiento de Cuenca y la Piedad de Valladolid, que partieron hacia su estación a las siete de la mañana, cuando el día ya clareaba.