Bonito y bueno

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El Barcelona, por ironías del destino, tuvo que celebrar su tercer título liguero consecutivo frente a un equipo vestido de azulgrana. El Levante, por su unión con el Gimnástico, usa la vestimenta de éste. Independientemente de la anécdota del encuentro, el equipo barcelonés ha hecho posible extender sus colores a medio mundo. Ya se sabe que los triunfos crean adeptos y hasta las barcas del Nilo llevan en sus velas camisetas de Messi. El Barça ha creado un estilo de juego y lo ha traspasado al equipo nacional. Es razonable que muchos españoles lo tomen como su primer equipo, o su segundo, por las características de su fútbol que tanto agradan. Hay que ser extremadamente forofo, cerril y militante para, al margen de las propias querencias, no aceptar el buen juego que desarrolla el equipo catalán. Ha ganado la Liga con todo merecimiento porque ha sido, además del más bonito, el más bueno. Este segundo concepto deber adjudicarse a su regularidad y, sobre todo, al hecho de haber vencido por cuatro puntos a uno a su más directo rival, el Madrid, y haberle derrotado por seis tantos a uno. Si al segundo mejor equipo, con jugadores con tal calidad que pueden vencer a cualquiera, le ha batido en Liga, el torneo nacional más importante, y lo ha eliminado en Liga de Campeones, es lógico pensar que la diferencia de puntos conseguida con los restantes está justificada. El Barça, en este momento, tiene sesenta y cinco puntos más que el último y supera en veinticinco al tercero. Es bonito y bueno.