La fusión de las cooperativas: la única salida para el olivar andaluz

La atomización y el localismo lastran a un sector incapaz de hacer presión en la defensa de los precios.

Ya no hay más plazos y la situación del olivar andaluz necesita de reformas urgentes. De esta manera, la consejera de Agricultura y Pesca, Clara Aguilera, lanzó la voz de alarma durante la inauguración de la 15ª Feria del Olivo de Montoro (Córdoba) el pasado 13 de mayo. Aguilera fue directa y puso el dedo en la llaga del principal lastre del sector en nuestra comunidad: «Volvemos a la incertidumbre del precio del aceite de oliva. No se trata de un problema coyuntural, sino que se ha convertido en estructural». La consejera se refería a la extensa atomización de cooperativas de aceite que hay repartidas por las ocho provincias y que, debido a su número, impiden una mejora de las condiciones de negocio frente a los grandes grupos comercializadores. Según datos de la Federación Andaluza de Cooperativas Agrarias (Faeca), en la comunidad desarrollan su actividad 427 cooperativas dedicadas al aceite. Una cifra que hace insostenible «la defensa de nuestros intereses, por lo que no nos queda otra salida que ordenarnos y defendernos», señala Rafael Sánchez de Puerta, gerente de la entidad.Hay que tener en cuenta que el fenómeno del cooperativismo está muy arraigado en Andalucía, que cuenta con 4.693 cooperativas, una cuarta parte de todas las que hay en España, lo que la convierte en la comunidad con un mayor número de ellas. De éstas, 815 se dedican al sector de la agricultura y 1.041 a la industria.Soluciones mágicas no hay. En el actual momento de crisis, desde Faeca creen que «la única medida es dejar atrás los localismos y la rivalidad para hacer frente a los cinco grandes grupos que nos compran el aceite». De hecho, el 70% de la mercancía que se distribuye sale de cooperativas, «un instrumento clave que ha mejorado nuestra competitividad en los mercados», asevera Sánchez, que cree que una de las causas de las reticencias de ciertos cooperativistas a formar grandes conglomerados de productos alimenticios es «la sensación de pérdida del control sobre sus producciones». Un caso claro de esta situación es el que se da en la localidad sevillana de Herrera, que con 6.500 habitantes tiene tres cooperativas olivareras: Agropecuaria de Herrera, San Isidro y la Purísima. Recientemente, las dos primeras recibieron una ayuda de 1,36 millones de euros para fusionarse, aunque la tercera no quiso entrar en el proceso.La Consejería de Agricultura apoya la fusión de las cooperativas con ayudas destinadas a la transformación y comercialización de productos agroalimentarios, pues pasa por ser la única solución para ganar dimensión empresarial y ser más competitivos. Desde la Junta, se recuerda que «éste ha sido el último sector que ha dado muestras de contracción durante la crisis económicas y se prevé que este síntoma no se mantenga durante mucho tiempo». En este sentido, señalan que el Plan de la Agroindustria Horizonte 2013, suscrito con la patronal y los sindicatos busca reforzar más el sector, frenando el reparto de beneficios que se diluye entre los intermediarios, en lugar de ayudar a la capitalización del sector.«No podemos seguir con 700 operadores»La consejera de Agricultura y Pesca de la Junta de Andalucía, Clara Aguilera, ya adelantó las claves del problema del sector olivarero en una entrevista concedida a este diario el pasado mes de enero. En ella, aseguró que «no podemos seguir con 700 operadores. Es imposible. Es una desventaja muy grande con respecto a la gran distribución, que es la que influye mucho en la decisión de los costes, mientras que el agricultor y el cooperativismo influyen poquísimo». En este sentido, Aguilera recalcó la necesidad de aunar esfuerzos para mejorar los rendimientos. «Tenemos que fortalecernos con el objetivo de conseguir un precio razonable para el consumidor y para el agricultor». Esta idea ha sido un «leit motiv» de la consejera, que en varias ocasiones afirmó que «hay que dejar atrás los localismos» y las particularidades, porque «no se pueden tener muchas cooperativas en cada pueblo». Una realidad, que con el peso de las grandes empresas en el control de los precios, no permite cambiar el panorama en las grandes superficies en el extranjero, en las que «todavía cuesta trabajo ver marcas españolas y andaluzas».