El que faltaba: Bogart gay

Al público le encantan las leyendas urbanas. Sobre todo relacionadas con las estrellas de cine. Nombrar a un actor famoso y sugerir orgía, sexualidad desviada y vida secreta es un método infalible de captar la atención del más escéptico. Si, además, se aventura que la estrella es gay, el éxito está asegurado.

En este arte de novelar los cotilleos sensacionalistas, el maestro del género biográfico apócrifo es Darwin Porter, que de nuevo ha concitado la atención mundial poniendo en cuestión la virilidad de Humphrey Bogart con unas supuestas relaciones gays en su juventud. En «The Making of a Legend», continuación de «The Secret Life of Humphrey Bogart», Darwin Porter viene a decir que el amante traicionado por Ingrid Bergman en «Casablanca» era gay o impotente. Que esa idea le perturbaba hasta el punto de intentar suicidarse. Para corroborarlo, cuenta que su segunda mujer, Mary Philips, le hizo un regalo de despedida de soltero: pasar la noche de boda junto a un amigo de Bogart.

Es evidente que Porter trata de cuestionar el mito viril del más duro de los actores del cine de gánsteres enfrentándose a la construcción pública de su leyenda, sustentada en su fama de Don Juan, pues mantuvo relaciones con más de mil mujeres, entre ellas Bette Davis, Ingrid Bergman, Marlene Dietrich y Jeane Harlow. Lo cual no arredra a Porter, que viene sosteniendo que todo el mundo es gay. Su método es recrear imaginariamente escenas, como en una novela. En la biografía anterior sobre Bogey recurría a chismes inverificables sobre las supuestas relaciones de su primera mujer, Helen Menken, conocida lesbiana, con la actriz en ciernes Tallulah Bankhead, y la escabrosa relación que mantuvieron con el barón de Alington, amante de Nöel Coward. La escena de este delirante «menage a trois», aderezada con el consumo de cocaína y morfina, está descrita de forma tan vívida que se diría que el biógrafo estaba allí.

Darwin Porter es un especialista en fabular a partir de la «historia oral» del cine. Dicho en prosa, especular con los chismes y habladurías que se repiten desde tiempo inmemorial y vienen recogiéndose en un subgénero de relatos, «Hollywood Babylon», escrito por el cineasta Kenneth Anger, y cuyo método de investigación fue tildado por el prestigioso historiador del cine mudo Kevin Brownlow como «telepatía mental».

Las dos siguientes secuelas de estas historias secretas de Hollywood, basadas también en rumores, las ha escrito Darwin Porter, seguida de la biografía de Steve McQueen, de quien dijo que era una «pansexual love machine», pues aun siendo sus conquistas femeninas innumerables y haber manifestado su visceral rechazo a la homosexualidad, Porter sostiene que mantuvo relaciones con James Dean, Sal Mineo y Rock Hudson, además de un largo y apasionado romance con Paul Newman.

Teniendo a Newman en danza, era previsible que la emprendiera con este actor tan discreto en su vida matrimonial –se casó con la actriz Joanne Woodward, con la que vivió cincuenta años, hasta su muerte en 2008–, como en su vida sexual. Sin embargo, Porter publicó esta biografía, en la que «sacaba» al actor del armario, días después de su muerte, y argumentaba que no sólo mantuvo multitud de relaciones sexuales secretas con estrellas como Marilyn Monroe, Liz Taylor, Ava Gardner, sino que fue bisexual. Su vida secreta gay no fue tan promiscua ni tan extensa como la otra, pero sí muy suculenta: Sal Mineo, Anthony Perkins, Marlon Brando y Steve McQueen.

Siguiendo con el historiográfico método de la «telepatía mental», el tercero no podía ser otro que Marlon Brando, un clásico de la masculinidad puesta en cuestión al bajarle la cremallera al mito para descubrir su bisexualidad y sus amoríos con prácticamente las mismas estrellas masculinas y femeninas de sus coetáneos, a los que añade Tennessee Williams y Montgomery Clift.

Y por último, Humphrey Bogart, un icono de la masculinidad de la «era del jazz», a quien medio mundo envidió por casarse con una jovencísima y fascinante Lauren Bacall, es convertido por Darwin en un atormentado bisexual que, pese a ello, siempre prefirió a las mujeres y que mantuvo una relación paralela con su peluquera Verita Peterson hasta el día de su muerte.