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Oriol Elcacho: «Nunca he logrado dejarme una barba de tres días»

«La cara de este chico me suena», dirá, como mínimo, más de una, al ver la planta de Oriol Elcacho.

Oriol Elcacho pasea por las calles de Barcelona, su ciudad natal y también centro de operaciones durante las vacaciones
Oriol Elcacho pasea por las calles de Barcelona, su ciudad natal y también centro de operaciones durante las vacaciones

Pero no, no es ni compañero de trabajo, ni el yerno que está esperando –lo sentimos, tiene novia–. Tampoco ese chico tan amable con el que se cruza en el rellano. Es uno de los «top model» españoles más internacionales, por el que se pelean varias firmas «deluxe», las revistas de moda y pasarelas varias.

–Preséntese, que hay quien no le conoce.
–Soy Oriol, llevo casi once años en esto de la moda, llegué un poco por accidente y me costó saber si esto era mi camino, pero tras el trecho recorrido sé que esto es lo mío.

–Empezamos con tópico: «No quería ser modelo...».
–A veces es el camino más orgánico para llegar y el que tiene mejor fin. Es una profesión donde uno mismo no decide si vales o no, estás siempre pendiente del juicio de terceros. Ellos son los que dirigen las pautas de lo que se lleva, de lo que puede funcionar... Eso puede resultar injusto y la prueba es que hay compañeros que empezaron a la vez que yo y por un motivo o por otro no han llegado a funcionar, y yo, el que era el más incrédulo, sigo aquí.

–Otro topicazo: «No soy guapo, son los cánones de cada momento». Con su planta, atrévase a decirme que se ve feo frente al espejo.
–Esta profesión exige tener un equilibrio psicológico bastante importante porque puede generar muchísimas inseguridades y son difíciles de esconder. Yo siempre he cuestionado mi físico, el por qué estaba ahí y quizá por eso he gustado más a la gente: porque no he llegado a los casting con un ego tan elevado de pensar que todo lo que iba a hacer les iba a encandilar. También hay que vivir con grandes dosis de humildad para ser consciente de que un día estás aquí y el otro no.

–Tiene imagen de «gentleman» y cuando le he visto con un «look» dejado en alguna imagen, discúlpeme, pero chirría.
–Es una personalidad que he ido desarrollando y que tiene que ver con quién soy. Iba colegio todos los días con mocasines y camisa. Es más, siempre me he planchado yo las camisas, algo que heredé de mi abuela, que era una perfeccionista con la ropa. Me fijaba cómo lo dejaba todo cuando venía a casa a cuidarnos mientras mi madre trabajaba. Nunca he conseguido dejarme una barba de tres días a lo Miguel Bosé. No me desagradaría, pero no me sale, soy más de afeitarme.

–Ahora me dirá que no va al gimnasio...
–Está claro que tu herramienta de trabajo es tu cuerpo, pero a veces no da más aunque le dediques seis horas al día al gimnasio. Ahí unos mínimos que no puedes dejar de lado: algo de deporte, intentar no hacer excesos con la comida y las cervezas, no salir antes de una producción imporante...

–Se acabó lo del hombre y el oso...
–Ahí ha tenido que ver mucho el márketing. Ahora hay una cultura del cuerpo presente a todos los niveles, quién más quién menos se puede comprar una crema, las firmas de afeitado han multiplicado sus productos... Se ha dado un paso clave: no pasa nada porque seas hombre y te cuides.

–Pero cuidado con las obsesiones, que también llegan al género masculino: anorexia, vigorexia...
–Creo que el punto de partida son las depresiones y otros trastornos psicológicos que se manifiestan en estas enfermedades provocadas por nuestra forma de vivir, los agentes externos, la exposición a la información... Lo difícil es saber cuál es el origen que ha desarrollado la vigorexia o la anorexia. No lo he visto en compañeros, pero sé que es un problema social creciente.

–Viajo a Shanghái y en cada esquina me topo con un cartel donde aparecía como imagen de Ermenegildo Zegna que cubre un rascacielos sí y otro también. Ahí descubrí que usted era un top model a lo grande. ¿Cómo se queda cuando se ve a sí mismo en tamaño XXL?
–Al final lo normalizas un poco, pero no te deja de sorprender. Es un reconocimiento y un orgullo saber que en esos 500 metros de valla publicitaria estás tú como embajador de una marca y que puedes llegar hasta China.

–Tras ver ese cartel, en la calle siguiente me cuentro otro con Jon Kortajarena y un tercero con Andrés Velencoso. Entonces, uno piensa: «Si es que los españoles somos guapos».
–¿Por qué no? Es como en el fútbol. Hasta hace nada pensábamos que no podíamos pasar de cuartos y ahora somos campeones del Mundo. Con los modelos, pasaba igual. Sin embargo, hemos demostrado a los americanos que podemos aportar algo diferente y defender con orgullo que somos españoles.

–Eso sí, en su gremio, paridad poca. Ellas mandan.
–A ciertos niveles hemos conseguido mucho, aunque en lo salarial no se reconoce igual. De todas maneras, las chicas en cierta manera son más objeto de deseo, no sólo en la moda, sino en el arte. Aun así, no nos podemos quejar. Por ejemplo, ahora hay chicas que acompañan en una campaña a modelos masculinos que son los protagonistas. Hasta hace poco esto era impensable, nosotros éramos el florero de las «tops».

-Mujer florero, hombre objeto...
-Es muy fácil colgar esas etiquetas a un modelo cuando no se le conoce. A veces los tópicos dejan lugar a una imagen negativa: no sabemos hablar, ataques de divismo...

-Ventaja con respecto a las mujeres: a un modelo se le jubila más tarde.
-Tenemos más margen e incluso, los años, si te mantienes bien, las canas, como a George Clooney, te pueden ayudar más.

-Y cuando le den boleto, ¿qué hará?
-Algo relacionado con este mundo: el diseño, la fotografía... No estaría mal aunar todo lo que he aprendido en estos años. Muchos fotógrafos me han ayudado a educar el ojo hacia lo bello y espero aprovecharlo.

-¿No ejercerá su carrera de empresariales?
-Sería muy mal jefe, tendría que ser un poco duro y eso no es lo mío.

-Su campaña más reciente: una producción para Massimo Dutti rodada con su novia, Davinia Pelegrí, en tres días entre Barcelona, Milán y París. ¿Dónde hace la digestión?
-Como sabes que son tres o cuatro días de ese tute, tu cuerpo se adapta y la digestión en condiciones la haces cuando regresas a casa.

-La moda española, de capa caída. ¿Qué hacer para competir en el mercado internacional?
-Italia tiene el diseño y Francia, la alta costura. Nosotros deberíamos explotar más uno de nuestros fuerte que es la artesanía. ¿Quién en el mundo es capaz de hacer un traje de luces? Sólo es posible en España. La prueba es que las grandes firmas de complementos de piel realizan encargos un día sí y otro también a Ubrique.

-Si Louis Vuitton supiera la que se lía en Ubrique con los Janeiro y la Esteban...
-Les daría tanto juego que traerían más producción. Seguro.



Mi maleta del verano
A Oriol Elcacho (Barcelona, 1979) lo mismo le da posar para Bvlgari, que para Missoni o Ermenegildo Zegna. Su elegancia empapa cada objetivo, cada sesión, incluso ésta, improvisada en Barcelona.
Es modelo. Su novia, también. De ahí que cuando lleguen las vacaciones, huyan de los aeropuertos como de la peste. «Es nuestro mayor enemigo, tanto que los aviones me han despertado cierta alergia física y mental. Casi me pierdo el bautizo de mi sobrino por culpa de un retraso...», se lamenta Elcacho, que para sus vacaciones prefiere «algo más tranquilo. Mi plan ideal pasa por coger el coche y conducir cinco horas hasta encontrar un paraíso escondido en España. Tengo predilección por la Costa Brava. También me gusta disfrutar del turismo gastronómico».

Siempre me llevaría

Un ordenador y el pasaporte
¿Por qué? «Sé en qué ciudad empiezo mi trabajo, pero nunca dónde continuaré la siguiente sesión, por eso el pasaporte es indispensable y el ordenador me permite comunicarme con los míos en todo momento».