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Kim Novak por Lluis Fernández

Hollywood tradujo el adjetivo italiano diva por diosa en su trasposición al cine. Divina era Greta Garbo porque su refulgencia fotogénica la emparentaba con una inasible diosa. Pero este género de mitología pertenecía al cine mudo. Con la llegada del sonoro y el technicolor, las «pin-ups» no superaron la categoría de símbolos sexuales de un «star system» en caída libre. Marilyn Monroe fue su máxima encarnación y Kim Novak su más seria amenaza cuando los estudios le buscaron una sustituta. Ella se configuró como una vestal de una belleza inalcanzable, fría y melancólica. Las pocas películas que la encumbraron la muestran como una mujer dual, entre el solipsismo y el triste abandono carnal. James Stewart, su pareja romántica en «Vértigo» (1958) y en «Me enamoré de una bruja» (1958), la abrazaba como si fuera a desvanecerse entre sus manos como un ser irreal. Y lo era, porque Hitchcock hizo de ella la perfecta encarnación de la rubia hitchcockiana: distante, inexpresiva y de una belleza sublime. Con Grace Kelly a punto de ser reina, Kim Novak era la nueva presencia que necesitaba para el personaje de Madelaine/Judy, las dos caras de la ensoñación romántica: la glamourosa rubia de belleza inalcanzable y la morena vulgar que el detective ha de transformar en ese ideal perdido. La escena en que emerge del baño, entre una neblina verdosa, como de entre los muertos, es la sublimación romántica de toda la filmografía del director inglés, cuyo precedente sería el cenital de Ingrid Bergman desmayándose al pie de la escalera, en «Encadenados» (1946) y la muerte de Juanita de Córdova, con el traje morado abriéndose como una flor, en «Topaz» (1969).
«Vértigo» fracasó en su época y hoy Slavoj Zizek, Eugenio Trías y millones de fans la consideran una obra maestra. Ha desplazado a «Ciudadano Kane» como la mejor película de la historia del cine según la revista «Sight & Sound». Algo impensable sin la presencia de Novak y su transfiguración en un ser irreal, misterioso, románticamente inalcanzable, como la ve el detective en su aparición en el restaurante, con el traje de noche negro y verde agua marina y el pelo rubio recogido en una espiral vertiginosa. El genio de Hitchcock fue manipular a la actriz de la misma forma que el asesino lo hace con el personaje que interpreta Kim Novak.







 

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