Alberto por fin sí quiere

Anuncia su boda con la nadadora Charlene Wittstock

La pedida tuvo lugar en el palacio principesco durante  una ceremonia «confidencial y muy familiar»
La pedida tuvo lugar en el palacio principesco durante una ceremonia «confidencial y muy familiar»

Ni rumores ni habladurías. Ha costado tiempo, y más de un quebradero de cabeza en el Principado, pero esta vez ya es oficial: habrá boda real en Mónaco. Por fin, el soltero de oro de las monarquías europeas, el príncipe Alberto II, ha decidido dar el paso y formalizar una relación de más de cuatro años con su novia, la nadadora surafricana Charlene Wittstock, a la que ayer regaló un fastuoso anillo de compromiso. La «pedida» de mano tuvo lugar sin gran pompa en el palacio principesco. Fue una ceremonia «confidencial y muy familiar», explicaban los pocos allegados que tuvieron el privilegio de asistir al compromiso matrimonial del que no trascendieron más detalles. Ni siquiera la fecha en la que podrían celebrarse las nupcias, aunque cabe imaginar que un enlace de tales dimensiones, y sobre todo tan esperado, llevará meses de preparación.El anuncio, del que ayer dieron cuenta los servicios palaciegos en un más que escueto comunicado, pone fin a largos meses de rumores sobre el advenimiento de dicho compromiso. Inminente parecía hace poco más de un año, durante la fiesta que la nadadora dio con motivo de su 31 cumpleaños en la mansión familiar de Suráfrica y a la que asistió el soberano. Pero fue una ocasión fallida, como tantos otros acontecimientos, «Bailes de la Rosa» y demás galas monegascas en las que ambos han mostrado públicamente su relación pero dejando a la prensa del papel «couché» sin primicia. No obstante, su reciente aparición conjunta en la boda de Victoria de Suecia con Daniel Westling en Estocolmo dejaba presagiar novedades en el microestado. También la sesión fotográfica a la que ambos se prestaron excepcionalmente hace unos meses para el semanario rosa «Point de vue» y que no escapó al olfato del los más finos observadores de la realeza europea, que ya pronosticaron entonces campanadas de boda. Campanas que con toda seguridad sonarán en la Catedral de Mónaco, donde en 1956 contraían matrimonio Rainiero III y Grace Kelly. Quizá sea el único punto en común, pues a sus 52 años, Alberto II rompe con la tradición familiar de que el heredero se despose lo antes posible para dar una princesa al pueblo y una imagen de estabilidad. Su padre tenía 32. Veinte años más jovenPero Alberto ha demostrado no ser un hombre convencional. No sólo por no tener prisa en pasar ante el altar, sino por casarse con una «plebeya» veinte años más joven y excampeona mundial en distintas pruebas de natación. Ambos, amantes del deporte, se conocieron durante un encuentro internacional en Mónaco en 2000, aunque el príncipe tuvo que esperar hasta 2006 a que Charlene recuperara su soltería para seducirla. Y aunque acallados los rumores sobre el compromiso, surgen ya en el Principado –y en la Prensa –las especulaciones sobre la fecha. «Quizá a finales de 2010», dicen algunos especialistas. Rainiero y Grace Kelly esperaron sólo tres meses para casarse tras su compromiso. Habrá que ver si Alberto II decide en este caso imitar a su padre.

Dos hijos sin derecho al tronoLa vida amorosa del príncipe está ligada a numerosas actrices y modelos. Brooke Shields, Claudia Schieffer e incluso Ana Obregón forman parte de su lista de conquistas. Con Tamara Rotolo, una camarera californiana que pasaba el verano con su marido en Mónaco, tuvo un «affaire» del que nació Jazmin, que ahora tiene 18 años. Alexandre es su segundo vástago, fruto de una relación con la azafata togolesa Nicole Coste y que ahora ha cumplido cuatro.Ninguno tiene derechos sucesorios.