Portugal sin plan sin timón y al borde del rescate

El primer ministro, José Sócrates, dimite tras el rechazo de toda la oposición al paquete de reformas

El primer ministro portugués, a la izquierda, junto al ministro de Economía
El primer ministro portugués, a la izquierda, junto al ministro de Economía

Si el primer ministro portugués, José Sócrates, albergaba aún un mínimo de esperanza de recibir el apoyo parlamentario a su plan de ajuste económico, finalmente y como estaba previsto, todos los grupos de la oposición sin excepción, tanto de derecha como de izquierda tumbaron a última hora de la tarde de ayer su Programa de Estabilidad y Crecimiento (PEC), presentado en Bruselas el pasado 11 de marzo. El PEC sólo recibió el apoyo del partido socialista de Sócrates, con 97 de los 230 diputados. Después de un intenso debate parlamentario que duró más de cuatro horas, toda la oposición ha votado en contra del cuarto plan de ajuste, convirtiendo el sufragio en una especie de moción de censura al Gobierno luso.

El primer ministro, que no intervino en la sesión parlamentaria y asistió sólo a su inicio, presentó su dimisión tras reunirse con el jefe de Estado, el conservador Aníbal Cavaco Silva. No obstante, hoy tiene previsto acudir a la cumbre europea en la que se abordará el pacto por el euro.

El revés parlamentario abocó irremediablemente a Sócrates, sin mayoría en la Asamblea de la República portuguesa, a presentar su dimisión al presidente de la República lusa quien, previa consulta con el Consejo de Estado, convocará elecciones en el plazo de dos meses. El titular de Finanzas portugués, Fernando Teixeira, dos Santos, habló de «consecuencias graves para el país» y de las crecientes dificultades de financiación en los mercados que deberá afrontar el país luso tras la votación de ayer.

Portugal entra así en una crisis política la víspera del trascendental Consejo Europeo que tendrá lugar hoy y mañana en Bruselas y al que asistirán los jefes de Estado y de Gobierno de la UE. Tanto el primer ministro como el titular de Finanzas advirtieron ayer de que una crisis política empujará al país luso a recurrir a la ayuda exterior de la UE y el FMI.


Un proyecto polémico
El Programa de Estabilidad y Crecimiento (PEC) debatido ayer en el Parlamento es el cuarto de una serie de duros planes de austeridad que el Gobierno portugués ha aprobado en poco más de un año. Las últimas medidas contemplaban un ahorro del 1,6% del PIB en 2012 y del 0,8% el año siguiente, con un recorte en las pensiones superiores a 1.500 euros, gastos en salud, educación, prestaciones sociales e inversión pública, y un aumento de impuestos.

El Gobierno presentó su cuarto PEC como un paso más para cumplir e ir más allá de los compromisos de la Unión Europea de rebajar el déficit público portugués al 4,6% del PIB a finales de este año y al 3% en el próximo ejercicio. Concretamente, las medidas pretendían un ahorro adicional del 0,8% del PIB este año, del 2,5% en 2012 y del 1,2% en 2013. Pero la oposición de izquierdas no tardó en calificar el plan de «descenso a los infiernos».

Los cuatro partidos de la oposición, PSD y Centro Democrático Social (CDS), el Bloque de Izquierda (BE) y el Partido Comunista (PCP) presentaron sendas resoluciones contra el último Programa de Estabilidad y Crecimiento de Sócrates. Incluso el Partido Social Demócrata (PSD, conservador), que sí apoyó al primer ministro luso en sus tres anteriores planes, votó ayer en contra del cuarto.

El PSD rechazó este último programa de austeridad con el argumento de que no había sido consultado con la oposición antes de presentarlo a Bruselas, de imponer nuevos sacrificios y revelar la incapacidad del Ejecutivo de sacar al país de la crisis. Además, los socialdemócratas culpan al Gobierno de «atacar siempre a los más desprotegidos y no resolver los problemas de raíz».

Hasta hoy, el Gobierno socialista había contado con el respaldo del principal partido de la oposición. Con su abstención, los conservadores socialdemócratas aprobaron los presupuestos generales para 2010, un par de meses después de que Sócrates fuera reelegido como primer ministro de Portugal, aunque sin mayoría absoluta en el Parlamento.

Una de las intervenciones más claras de la tarde de ayer la protagonizó la socialdemócrata Manuela Ferreira Leite, que perdió las últimas elecciones generales frente a José Sócrates. La conservadora afirmó que el Partido Socialista «podría haber resuelto la falta de confianza en el Gobierno», insinuando que eso se conseguía sustituyendo a José Sócrates al frente del Ejecutivo.


Entre aplausos
Por su parte, el líder parlamentario socialista, Francisco Assis, adoptó un discurso con un tono electoralista, afirmando que a pesar de todos los esfuerzos de la oposición para derribar al Gobierno, su partido «no saldrá debilitado», un discurso que provocó una serie de aplausos intensos de los diputados de su partido, que incluso se pusieron de pie. «Pueden dejarnos fuera del ejercicio del poder, pero no nos quitarán la dignidad de haber tomado las decisiones que tenían que ser tomadas» por el interés general de Portugal, concluyó Assis.


Hacia nuevas elecciones
- Tras la dimisión de Sócrates, el presidente de la República, Aníbal Cavaco Silva, deberá disolver el Parlamento y convocar elecciones.
- El Gobierno tiene 55 días para convocar comicios. Sócrates será primer ministro en funciones hasta entonces.

 


Los cuatro planes fallidos de Sócrates
A pesar de los cuatro Planes de Estabilidad y Crecimiento (PEC) presentados por el socialista José Sócrates, para intentar calmar a los mercados, Portugal podría verse abocada al rescate. El Gobierno luso presentó su primer PEC en abril de 2010 y entre las medidas que anunció el Gobierno se incluía la implementación de un nuevo escalón de impuestos en el IRPF para los rendimientos más elevados, la creación de nuevos peajes en varias carreteras portuguesas y la alteración del sistema de desempleo, para garantizar en palabras de Sócrates «que no compense estar en paro en vez de trabajar». La quiebra de Grecia en mayo de 2010 forzó a Portugal a presentar un segundo PEC, que supuso la subida del IVA del 20 al 21%, el recorte en los salarios de los altos cargos y los políticos en un 5%, además de un nuevo impuesto del 45% para las rentas superiores a 150.000 euros, otro del 20% a las plusvalías en bolsa y una ampliación de los peajes de autopistas. En septiembre Sócrates presentó un tercer plan, quizá el más duro, en el que volvió a elevar el IVA en otros dos puntos, hasta situarlo en el 23%, y recortó entre el 5 y el 10% los sueldos públicos superiores a 1.500 euros. Con el cuarto PEC, Sócrates trató de convencer a Europa de que estaba dispuesto a hacer lo que fuera para evitar el rescate.