Pilar Bardem confiesa en LA RAZÓN: «Soy la que más reza de España»

Más que por su trabajo como actriz, su agenda está marcada por su activismo político. Lo último, un vídeo sobre víctimas del franquismo que ayer el Congreso rechazó proyectar. LA RAZÓN no es su diario de cabecera, pero sabe cuanto aquí se escribe de ella. Mañana estrena «La vida empieza hoy». Una ocasión para preguntarle cara a cara

Cuando Juanita, el personaje que interpreta Bardem, decide vivir cambia hasta el color de su pelo a naranaja
Cuando Juanita, el personaje que interpreta Bardem, decide vivir cambia hasta el color de su pelo a naranaja

Luce un atuendo casi invernal en este junio esquivo en grados. Pilar Bardem sabe, porque es muy inteligente, que vamos a hablar de la película que estrena mañana, dirigida por Laura Mañá, pero también de otras cuestiones que darán titulares. Tiene 71 años, tres hijos, un nieto y una militancia ideológica que enarbola como bandera. -¿En qué se parecen Juanita, la mujer a quien interpreta, y Pilar Bardem?-En nada, porque ella ha decidido no vivir, está obsesionada con la muerte, con el más allá, y deja pasar el más acá. Tiene la extraña costumbre de meterse en la cama pintada como el Conde Drácula, no vaya a ser que le pille la muerte y no esté presentable. –Hasta que descubre que hay vida cuando mira a través de la ventanilla del autobús...–Y ve a la gente queriéndose, los niños jugando en el parque, una mujer ya mayor conduciendo. Ella decide entonces separarse de su marido... que está muerto. Es una decisión drástica.–Opta por vivir, ¿no?–Sí, y lo decide en un autobús, que es como viaja ella siempre. Se enamora del conductor y tiene sueños eróticos con él.–Sardá le dice en un momento del filme que haga los deberes, y usted le contesta muy seria: «Haré lo que me dé la gana». ¿Usted ha hecho siempre lo que ha querido?–No, nadie hace lo que quiere, todos tenemos el yo y las circunstancias. He hecho lo que pienso que tenía que hacer y he tratado de ser coherente. Siempre he pensado que la vida empieza hoy, desde que era joven.–Usted es más noticia por su combativo activismo político que por sus trabajos como actriz. Hábleme de su participación en el documental sobre las víctimas del franquismo dirigido por Azucena Hernández.–No fue un trabajo, sino una aportación en ayuda de la memoria histórica desde el corazón en la que no hemos tratado de abrir heridas, sino de limpiarlas y que se curen. Darles a quienes tienen familiares en las cunetas la posibilidad de poder enterrarlos. Me parece de justicia que quien quiera pueda enterrar los huesos de sus familiares y darles cristiana sepultura, que de todo hay en la viña del Señor. No asociemos siempre republicano y ateo.–El bloque compacto del «No a la guerra», ¿es pasado? ¿Existe una desunión de actores?–No creo que haya ni unión ni desunión. Cuando a los actores nos tocan a rebato nos unimos, pero nunca «en contra de», sino para defender causas que pensamos que como ciudadanos pueden ser defendibles. –No le gustaron las palabras de Willy Toledo sobre el preso muerto en la cárcel cubana.–Salí al paso de lo que dijo porque las hizo con el logo de Aisge, entidad que presido, detrás. Él fue responsable de lo que dijo. Yo opino lo contrario que Willy pero hablé en nombre de la entidad. Hay mucha gente joven que está empezando y mucho desconocimiento del oficio. Aquí todo el mundo dice que es actor. Me molesta bastante lo del intérprete subvencionado, que no lo puede ser nunca porque es un trabajador por cuenta ajena, eventual. Hay que apoyar a la industria. Creo que somos el único país del mundo que no apoya su propia cultura y hasta para elogiar insultamos y decimos: «Este cabrón lo bien que torea». –¿No piensa que ustedes, los actores, pecan de tener una memoria selectiva que se inclina hacia el recuerdo de unos y olvida sistemáticamente a otros?–Mucha gente ha perdido a sus muertos y los tiene enterrados en las cunetas. Ha habido una dictadura de cuarenta años que nadie ha condenado aún. Hemos sido muy demócratas y nos hemos alegrado de que en Argentina derogaran la Ley de Punto Final, hemos condenado a Pinochet, pero, ¿y aquí? Parece que hablar de la dictadura crea crispación. Hubo muchos que murieron por Dios y por España, y me parece perfecto; sin embargo, otros lo hicieron por España, y algunos también por Dios, estoy segura, y defendían a la República. A éstos no se les han dado honores. La Ley de Memoria Histórica es muy «light», ya nació con alzhéimer.–Dice que hacemos un seguimiento casi diario de usted en LA RAZÓN.–¿Salgo hoy también?–Sí, pero yo quiero enseñarle el periódico del pasado domingo (en la portada, Alfonso Ussía sostiene un retrato de su abuelo, Pedro Muñoz Seca, asesinado en Paracuellos en 1936; el titular es «Nosotros sí perdonamos»). ¿Qué le parece?–Admiro a Muñoz Seca, un gran autor de quien lamento su muerte, como se lamenta cualquier muerte. De Ussía no opino. Yo ya sé lo que opina él de mí.–Preside Aisge, entidad de gestión de los derechos de los actores. Su director general, Abel Martín, ha querido dejar claros días atrás los límites entre esta sociedad y SGAE porque cree que su mala imagen les ha salpicado.–Cada uno debemos responder de nuestros actos. Desde Aisge lo hacemos de la transparencia, que no nos metan en el mismo saco a unos y a otros. Yo no sé si su gestión es buena o mala, pero no todos somos la SGAE, aunque no lo digo en el sentido malévolo. –¿Suprimiría el Ministerio de Cultura?–Yo no suprimiría nada, sino que haría que cada cual cumpliese con lo que es su obligación. –¿Cómo vivió en Cannes la noche en que su hijo se declaró a Penélope Cruz en público?–Con una bronquitis aguda, pero muy feliz. La propia niña estaba asombrada porque no se lo esperaba. Fue muy hermoso. Dicen que Javier no contesta cuando se le pregunta... Lo que sucede es que uno es dueño de sus actos y sentimientos, dice lo que desea cuando lo quiere decir y no cuando se lo preguntan. Y eso es lo que hizo él.–¿Habrá boda?–No, no. Aún me falta la peineta.–¿Cómo ve a Penélope?–La conozco mucho antes de esa relación amorosa y la quiero como a una hija. Es una trabajadora extenuante, honesta, con una humildad y una visión muy lúcida de lo que es el trabajo. Es una magnífica persona, lo mismo que su familia.–Cuando se mete en la cama cada noche, ¿descansa tranquila?–Lo que hago es rezar por los que se extrañan tanto de que los de izquierdas recemos. Soy la mujer que más reza de España. Y también lo voy a hacer por ti, para que tengamos esperanza y luz. Después hago peticiones personales e incluso me hacen encargos. No te digo la lista que tengo.–¿Y al levantarse?–Pongo el pie derecho en el suelo y pronuncio otra oración.

«No me preocupa la Guerra Civil, sino la dictadura»Hemos hablado del documental de Hernández en el que se pone en la piel de María Álvarez, condenada por ayudar a guerrilleros antifranquistas y que fue asesinada en 1951. Y le pregunto: «¿Aceptaría trabajar en un documental sobre el otro bando (no encuentro otra expresión mejor), que en vez de ser María Álvarez fuera Dolores Crespo? Me mira cómo preguntándome por la identidad de esa mujer. «Era mi abuela», le explico. Fue asesinada en septiembre de 1936: «Si se hiciera con buen fin, por qué no. Por lo que me dices a tu abuela la mataron los contrarios, lo que sucede es que esto de los dos bandos no me gusta. Lo que me inquieta no es la guerra civil, que es un gran fracaso del ser humano. A mí lo que me preocupa es la dictadura, que siguió matando hasta el año 75».

Tres horas en remojoUna de las imágenes que es reclamo de este filme es la de Pilar Barden sumergida en una bañera, que mira a la cámara retadora, y su desnudo de espaldas de apenas unos segundos. ¿Le divirtió rodar la escena?Y ella explica cómo fue todo: «Lo pasamos muy bien. Sabía que Laura Mañá iba a ser muy delicada con las escenas de sexo, que no es una película en la que salgamos todo el tiempo en pelota, sino que son puntuales. Me metí a las tres de la tarde en la bañera con agua caliente y espuma, algo que hago cada noche en mi casa. Salí a las seis y media, la espuma se iba, el agua se enfriaba. Aquello era un jubileo: unos entraban, otros salían, y nos reímos muchísimo».