Más veneno

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La contaminación del medio ambiente está alcanzando, quizá, el punto de no retorno. La polución de las grandes ciudades ahoga a los ciudadanos y, sin embargo, los políticos no toman medidas serias; tampoco la gente de la calle hace mucho al respecto. Pero no sólo es el aire lo que está contaminado. ¿Somos realmente conscientes de lo que comemos? Muchos de los alimentos que compramos creyendo que son la mar de saludables contienen sustancias tóxicas: plaguicidas, insecticidas y demás productos químicos que se utilizan para hacer más grande o bonito el producto. En la fruta, por ejemplo, buscan que sea brillante y apetitosa; o sea, que parezca lo que es, fruta. Estos venenos no matan de golpe, pero afectan a nuestro organismo hasta que éste estalla en alguna enfermedad grave. Las grandes empresas desalmadas manipulan a los consumidores con estéticas y falsos mensajes para vender como sea. Se aprovechan de que los gobiernos no tienen capacidad técnica ni económica, ni la voluntad política necesaria para evaluar los daños que producen y sancionarlos. Es desesperante, porque los gobiernos sí gastan mucho en tonterías. Y pienso que los políticos sólo actúan por la inmediatez del voto. En un problema a largo plazo, aunque sea vital, no entran. Ellos no estarán. Así que sólo nos queda huir del consumo ciego, comprar ecología, dejar de consumir los productos envenenados, protestar y, por favor, dejar de coger tanto el coche de una puñetera vez. Recordar a los gobernantes que ya ha pasado el tiempo de ignorar el medio ambiente. A los ciudadanos, que contaminar menos es algo que depende de nosotros mismos. Y a los buitres financieros, que a cada cerdo le llega su San Martín.