Alimentada con energía solar

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Puede parecer de ciencia ficción. Sin embargo, el proyecto de Alberto Fernández ha logrado varios reconocimientos por el bajo coste del «invento» y su viabilidad en el norte de Chile. Y es que además de utilizar materiales asequibles, como el plástico, la madera y el cobre, las torres presumen de un gasto energético mínimo. «El consumo de energía de cada atalaya corresponde al utilizado por las bombas de agua empleadas para aumentar la presión y evitar el estancamiento del líquido», explica Fernández. Se estima que cada bomba tenga un consumo energético de 500 vatios/hora, energía que se obtendrá de la instalación de paneles solares en la base de la torre. «Se piensa en utopías cuando proyectos como el nuestro se escapan de lo convencional, pero hacer torres de 20 metros es factible. Será el primer paso para crear estructuras de 200 metros, ya que, cuanto más alta sea la construcción, menor coste tendrá el agua», precisa el arquitecto.