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Chéjov decreciente

Arquillué y López, en la obra
Arquillué y López, en la obralarazon

Autor: A. Chéjov. Versión: J. Mayorga. Dir.: G. Vera. Intérpretes: P. Arquillué, M. López, C. Machi, E. Gelabert, M. Pastor, A. Ruiz, G. Cunill, A. Medina... Teatro María Guerrero. Madrid.

Hay dos obras encerradas en «Platonov». Una, magistral, recorre la primera parte, insólita para un texto de juventud de Chéjov considerado inacabado. Quizá lo fuera, pero el retrato de una sociedad finisecular decadente está a la altura de sus mejores dramas: podría ser un «Tío Vania» mezclado con «El gatopardo». Ofrece ésta un disfrute de frases como cuchillas –se agotan los elogios para Juan Mayorga, que firma esta adaptación– en boca de personajes inmersos en conflictos. Entre ellos, brilla el ácrata Platónov, un hombre libérrimo, molesto para el poder que encarnan los oligarcas e incómodo para sus amigos, pues no calla ante la mediocridad.Otra obra bien distinta aparece en la segunda parte, donde afloran dos pecados de juventud: la vehemencia y la impaciencia. Chéjov remata su «mäelstrom» social con un folletín romántico en el que cobra demasiado peso lo donjuanesco del protagonista.En cualquier caso, se trata de un bello montaje del Centro Dramático Nacional, aunque la concepción escénica de Gerardo Vera, apoyada en lo estético –la austera escenografía, como el vestuario, remiten a su «Rey Lear»–, es vigorosa al comienzo y flaquea en paralelo al texto, según se satura de tragedia. Lo que no tiene tacha, a grandes rasgos, es el reparto. Soberbios son el Platonov de Pere Arquillué, todo emociones, y la generala de Mónica López, una actriz con mayúsculas. Carmen Machi y Elisabet Gelabert redondean el apartado femenino con interesantes trabajos.