Música

El adiós de una generación

El adiós de una generación
El adiós de una generación

Alas nueve de la mañana ya había cola a las puertas de la Sgae. Eran los más fieles, ciudadanos sin banda ni guitarra, pero con memoria, que habían cantado muchas veces «Una décima de segundo» o «La chica de ayer». El ataúd con los restos de Antonio Vega, ya silencioso para siempre, llegó sobre la una del mediodía. Pronto comenzó un desfile discreto, como el músico: el martes se marchó con 51 años y un cáncer de pulmón a cuestas cuando muchos creían que, tras su frágil fachada, lograría engañar al tiempo con nuevo disco y conciertos, como los que preparaba para este mes en la sala Clamores. Amigos, cantantes, artistas, muchos de ellos compañeros de viaje de la Movida, o de las décadas siguientes, fueron visitando la capilla ardiente instalada en la Sgae: ver salir llorando a Lolita era comprensible. La hija de su hermano, Alba Flores, también fue de las madrugadoras. Y luego Juan Ymedio, Los Secretos -Álvaro Urquijo dejó una perla, «hay gente que nace con el estigma del talento y Antonio era uno de ellos»-, Joan Manuel Serrat, Miguel Ríos, Sole Giménez, Ismael Serrano, Josemi Carmona de Ketama, Rosario Flores, Teo Carralda... Flores de Calamaro Calamaro y Sabina no pudieron estar, pero mandaron coronas de flores. Había al menos una docena enviadas por amigos, instituciones... Alberto Ruiz Gallardón y Esperanza Aguirre acompañaron también a la familia del artista, y la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, una de las primeras en llegar, destacó entre el alboroto de periodistas que en Antonio Vega se encerraba «un personaje seminal en muchos aspectos de la cultura». El directivo de la Sgae y productor del primer disco de Nacha Pop, Teddy Bautista, dejó una frase sobre el músico: «Su muerte sirve para denunciar que no se puede cabalgar sin control, el caballo del veneno». Todos pasaron frente al féretro, colocado ante un escenario con tres guitarras y un piano, por si alguien quería arrancarse con un homenaje espontáneo. Dentro estaba ya, desde primera hora de la mañana, su primo Nacho, compañero de Nacha Pop. Y, aunque abatido, hasta se permitió una broma: «Como Antonio escuche a alguien desafinar va a ser él el que salte al escenario». Discreto, otro cuarto de la banda, el batería Ñete, decía con austeridad: «Estoy en un momento cruzado, en un cruce de caminos» y añadió: «Uno se muere de vivir. España pierde a un pedazo de compositor». Muestras de cariño dejaron también el músico Carlos Jean, algunos de los Trogloditas que acompañaron a Loquillo, el Reverendo... Por la tarde, decenas de admiradores aún escribían mensajes en el libro de condolencias.