El ambiente: la coreografía del poder

Los ministros entraron de dos en dos. Esperanza Aguirre y Sonsoles Espinosa, la pareja más inesperada de la jornada. Solbes y Bermejo, sonrientes, llegaron juntos y se jactaron de sentirse «muy relajados». Hubo lleno total y cada uno tuvo su cuota de protagonismo, salvo algunos ministros que se diluyeron en el paisaje.

El ambiente: la coreografía del poder
El ambiente: la coreografía del poder

La diferencia entre estar en el Gobierno o en la oposición y, directamente, no estar, era contemplar los rostros transmutados de Solbes y Bermejo. Como si la crisis les hubiera pasado por encima, que es lo que ocurrió, se mostraban tan lozanos y sonrientes... ni que hubiesen pasado una cura de sueño... tras la pesadilla. «Estamos relajadísimos», se jactaban mientras veían a los ministros pasar en la confirmación de que el Gobierno sí que está coordinado... al menos en la puesta en escena de este Debate sobre el Estado de la Nación. La coreografía fue perfecta. A las once y media, primera gran ración de «flashes» para María Teresa Fernández de la Vega. Un cuarto de hora después, el presidente del Gobierno tuvo un detalle con su vicepresidenta económica, Elena Salgado.

Fobia a las cámarasConocida su fobia a las cámaras, Zapatero salió del coche oficial en el momento justo en el que ella entraba. Al eclipsarla, le ahorró ese trance de ser inmortalizada en su timidez. Como Ángeles González-Sinde, a la que no se le ha ido ese semblante de pasmo que estrenó el día que Zapatero le hizo ministra. Nada que ver con José Blanco, que se crece con las cámaras alrededor. El resto de los ministros llegaron a pares: Carme Chacón con Trinidad Jiménez; Cristina Garmendia con Francisco Caamaño; Pérez Rubalcaba con Moratinos... Otros se diluían en el paisaje hasta confundirse. El PP no desmereció en su puesta en escena. Mariano Rajoy –el más madrugador con diferencia, a las once y media estaba en el hemiciclo–, apareció con parte de su equipo. A la derecha, Soraya Sáenz de Santamaría, a la izquierda María Dolores de Cospedal y, un paso por detrás, Jorge Moragas. Entre los diputados populares se palpaba la electricidad con la que iba a discurrir el cara a cara entre Zapatero y Rajoy. Cristóbal Montoro y Ana Pastor lo pronosticaban. No erraron. El aperitivo vino por cortesía de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, y la esposa del presidente del Gobierno, Sonsoles Espinosa. Sin duda, se intercambiaron más frases en una hora que en los cinco años que Zapatero lleva en el Gobierno. Más de uno, y de veinte periodistas, hubiera deseado ser Marcelino Iglesias, el presidente de Aragón, que compartía la tribuna de invitados con ellas. Juntas vivieron los instantes más intensos del debate. «Enchufadísimos» como los futbolistas en un día clave, Zapatero y Rajoy por fin se encontraban las miradas, para lanzarse andanadas de reproches y propuestas. Ellas, en su lugar, no perdieron su sitio. Cada una en el suyo, tuvieron sus polémicas particulares.

Escasas notas de color en la bancada azulUniformados como para pasar un examen. Así llegaron los miembros del Gabinete, salvo María Teresa Fernández de la Vega, que se colocó todas las tonalidades del malva en su indumentaria. Entre los ministros, se impuso el tono «azul Gobierno» de Rodríguez Zapatero. Las excepciones fueron José Blanco, con una corbata más que atrevida, y Miguel Sebastián, que eligió una color verde pistacho. Las ministras recorrieron todas las gamas de grises, salvo la vicepresidenta y la ministra de Cultura, que optaron por el negro. En el PP sí que llegó la primavera. Tonos pasteles en las corbatas para ellos, y colores más vivos entre las diputadas.