El asesor

La Razón
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os fracasados terminan siempre de asesores. Ahora nos enteramos de que uno de los principales asesores de Chávez es el inefable Jorge Verstrynge, la mayor equivocación de Fraga. Verstrynge llegó a ser candidato por Alianza Popular a la Alcaldía de Madrid, y Tierno Galván le dio un repaso clamoroso. Mientras Verstrynge hacía campaña electoral, el viejo profesor se dedicaba a bailar con una joven guineana, Flor Mukubi, que estaba estupenda. Un joven y atractivo poeta le escribió unos versos de homenaje a don Enrique por sus bailoteos: «Don Enrique se menea/ con la nena de Guinea;/ suavemente toquetea/ su culito respingón,/ y la nena que es muy sosa/ y altamente pudorosa,/ le protesta candorosa:/ -¡Don Enrique, «uté é» un tocón!-./ Don Enrique ¡qué semblanza!/ En el ritmo, ¡qué templanza!/ se parece cuando danza/ a un viejo brujo Masai,/ en sinuosidades, pizco,/ en la mirada, algo bizco,/ y dando cada pellizco/ a la nena, que ¡caray!/ Que ¡caray! Con don Enrique,/ que tiene un dedo meñique/ ducho en abrir cualquier dique/ mientras baila un mambo, al son./ Un dedo como una hormiga,/ tenaz, que no se fatiga/, aunque la negra le diga:/ -¡Don Enrique, «uté é» un tocón!». El fracaso de Verstrynge fue absoluto, como era de prever.

Años después se hizo tránsfuga, se sentó en el Grupo Mixto con los votos de Alianza Popular y pretendió engañar a Mario Conde para que le financiara un nuevo partido político de «Centro progresista». Tumbado su propósito, le pidió a Alfonso Guerra su apoyo para ser admitido en la militancia del PSOE, y Guerra hizo lo que pudo, es decir, bastante poco. Y desapareció de la vida pública, dejando a la ciudadanía libre de toda añoranza. En una comida con mi inolvidado amigo José María Stampa Braun, ilustre penalista, bailó su nombre por el aire. Y Stampa, que dejaba caer sus sentencias con harta naturalidad no dudó al ubicarlo: «Estará de asesor».

Se adelantó a los acontecimientos. En efecto, Verstrynge ha terminado de asesor. Sucede que, dentro del escaso prestigio que todo asesor conlleva, también hay clases entre los asesores. Y la asesoría de Verstrynge es consecuencia directa de su muy descriptible trayectoria política. Asesora a Chávez. Buena noticia para los que se abrazan a la esperanza de la temporalidad de los tiranos. Porque Chávez puede amañar elecciones y refrendos, cambiar la Constitución de Venezuela por otra hecha a su medida por los asesores que guste contratar, pero al cabo del tiempo, los sátrapas se derrumban por sí mismos. En Venezuela se producen cuarenta muertes violentas cada día. Lo ocultan los asesores, pero lo dicen las estadísticas, y un pueblo en esa situación termina por abrir los ojos.

Particularmente, deseo a Verstrynge toda suerte de venturas en su labor de asesor de Chávez. La vida hay que buscársela como sea. El político laborista inglés Christopher Donovan, hastiado de su falta de perspectivas en la cosa pública, se instaló en la antigua Tanganyka y se hizo asesor de una compañía que organizaba safaris. Fue muerto por un hipopótamo malhumorado cuando todavía no le había llegado la mudanza de Londres. Que Verstrynge esté en Venezuela asesorando a Chávez es bueno para todos. Para España, para Venezuela y para la recuperación de la libertad –¿cuándo?–, en aquella nación hermana. Que asesore bien. Y además, es gafe.