«Estoy contra las Buenas Prácticas de Cultura»

josep maría flotats / actor y director

MADRID- Flotats quiere ser Descartes desde el flequillo a las puntas, por eso no visita al peluquero desde hace meses y ensaya machaconamente cada día de 10 a 15 horas en el Teatro Español de Madrid. Ha sobrevivido a muchos estrenos y aún le aterra que se levante el telón el próximo día 22. No en vano, esta vez, además de actor y director, firma la versión, el espacio escénico y hasta los figurines. -En los últimos años ha abordado en exclusiva textos sobre personajes históricos, ¿ya no le atrae la ficción pura y dura?-Ha sido casualidad, no lo he buscado. Elegí estos títulos porque eran obras contundentes con personajes extraordinarios. -Repite también con una obra de Jean Claude Brisville, autor de «La cena», que protagonizó junto a Carmelo Gómez.-Le conozco desde hace mucho tiempo, pero no tenía la edad para hacer sus personajes. Hay cantidad de obras que guardé porque no me veía lo suficientemente maduro. Por ejemplo, a los 25 ya quería hacer el «Don Juan» de Molière, pero tuve que esperar diez años porque no tenía ni la edad ni el oficio suficientes. Claro que hay personajes, como Romeo, que a uno no le interesan aunque tengas la edad apropiada, soy más de Mercuccio. -¿Concibe la obra como un duelo entre la razón y el misticismo? -Como en «La cena», Brisville concibe la obra a partir de una verdad histórica: tres años antes de morir Descartes se reunió con el joven genio Pascal, que con 24 años ya había inventado su máquina aritmética, la precursora del ordenador. Pascal se encontraba en plena crisis de fe, es decir, estaba contra la separación de ciencia y conciencia de Descartes. Pascal es el autor de la frase «el corazón tiene razones que la razón no entiende» -que, por cierto, Brisville no incluye aquí-, pero no se refería a las relaciones amorosas, sino a Dios. -¿Se trata, por tanto, de una clase de filosofía? -No, aunque es un debate de ideas de alto nivel -hablamos de los cerebros más importantes de Occidente en el siglo XVII-, es accesible incluso para los que no hayan estudiado filosofía. Brisville se basa en la obra de ambos, pero también en la correspondencia privada, lo que les aporta carne y sangre. Un hombre tan racional como Descartes se nos descubre como un D¿artagnan conquistador en su llegada a París, que llega a escribir «soy de los que piensan que las lágrimas no son sólo cosas de mujeres», y recordemos que vivió en el siglo XVII. -¿Es también un combate entre el ímpetu de la juventud y la serenidad de la madurez? -Sí, se enfrenta el cartesianismo, la objetividad y la sabiduría de las cosas vividas que caracterizaban a Descartes y el joven apasionado, aunque con mala salud, que era Pascal. -¿Por qué ha elegido a Albert Triola como joven Pascal? -Cuando me decidí por fin a hacerlo pensé que podría ser un gran Pascal para mí, no sólo por su calidad artística y por su edad, sino por esa relación que tenemos de maestro y discípulo. Le conocí cuando tenía 17 años e interpretó «El sueño de Mozart», después ha hecho grandes papeles como el Orestes de «La orestiada», con Mario Gas, y el Edgar de «El Rey Lear» con Gerardo Vera. -Tras grandes éxitos en escenarios privados vuelve a un teatro público en Madrid, ¿qué tiene de diferente?-Cuando está bien administrado y dirigido, como es el caso del Español, el teatro público cuenta con condiciones que no puede alcanzar un teatro privado. Como ocurría cuando yo dirigía el Teatro Nacional de Cataluña, todo el mundo, desde el último técnico, trabaja para potenciar lo que pasa en el escenario, que es lo único que importa. -Hablando de teatro público, ¿qué le parece el Código de Buenas Prácticas del Ministerio de Cultura por el que los directores de sus centros se elegirán a partir de ahora por concurso?-Estoy en desacuerdo. Si yo fuera ministro de Cultura a la primera persona que pediría que dirigiese el Centro Dramático Nacional, aunque hay otros, sería Miguel Narros. Un director de su curriculum no va a presentar ningún proyecto. Con esta modalidad sólo dirigirán los teatros públicos los números 2 y 3 de la profesión. -¿O sea, que podemos descartarle como candidato?-No tengo ni edad ni condiciones para presentarle proyectos a ningún ministro. -Hace un par de años veía el teatro en España como «enfermo, frágil, sin medios, pobre y con poca imaginación»...-Tendría un mal día... En España hay mucho teatro y no todos los espectáculos son buenos, como en todas partes; sin embargo, somos un país de grandes actores que no siempre encuentran las posibilidades para desarrollarse. -Pero las salas están más llenas que nunca...-Los productores dicen que ha sido el mejor arranque de temporada en veinte años. Lo que me sorprende, porque lo primero que recortan las familias en tiempos de crisis es el ocio. No sé si ha habido más estrenos de calidad que otras veces o es pura casualidad.