«Evo Pueblo»

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En los últimos días, por los barrios cenicientos de la Paz, los sombríos de Potosí y los cocaleros de Cochabamba desfilan paupérrimos bolivianos para ver en modestos cines la película «Evo Pueblo», un film de pobres –según su director–, «retrato autorizado» del presidente Evo Morales, o sea recreación del héroe sindical ensalzado a mito nacional, «documentary cinema» al más fiel estilo del pan y toros de nuestra posguerra, algo así como el NODO a la boliviana. La película arranca con el niño Evo mascando las cáscaras de naranja que tiraban las «flotas» y acaba como si el final lo hubiera escrito el mismísimo Chávez, con el indio Tupac Catari descuartizado durante la colonización española. Leña al mono contra España, producida meses antes de la crisis entre el fantoche fanfarrón y el Rey, profecía de lo que nos queda por vivir con estos países. Castro tuvo a Oliver Stone para ensalzarle, y Evo se tiene a si mismo. El agit-prop aún no ha llegado a Sucre, donde se han adelantado la represión, las muertes y el cuartelazo para imponer a golpe de bayoneta la nueva Constitución y la uniformidad que ya vive Venezuela, ésa que viste a los correligionarios del régimen de rojo, en una ecuación que equivale a masa, control, vigilancia, mando, obediencia y verticalidad. «Bolivia camina hacia la misma militarización, entre sangre» pregona «La Estrella», uno de los pocos diarios críticos que aún resisten el ímpetu totalitario de Evo, con las barbas a remojo, eso sí, después de ver los cerrojazos que la revolución de Chávez está dando a los medios venezolanos. Desde España deberíamos honrar a estos periodistas de la integridad y la resistencia, antes de que sean aplastados por los reyezuelos de la supuesta izquierda latinoamericana, por sus pulsiones autoritarias revestidas de revolución del pueblo y sus egocentrismos de propagandas fílmicas dispuestos a sustituir voluntades por cuartel. Los bananeros necesitan promocionar su imagen para perpetuarse en el poder y envolver su apellido con la noble palabra «pueblo». Nada nuevo bajo el sol. «Evo Pueblo», menuda molienda.