Tenis

Federer el abusón

El suizo aplastó a Del Potro en cuartos. «Sólo me sentí cómodo cuando estábamos sentados con 0-0», dijo el argentino. Djokovic se retiró ante Roddick por un golpe de calor

Si Roger Fededer no tiene al otro lado de la red a Rafa Nadal es capaz de barbaridades como la que brindó ayer en cuartos de final del Abierto de Australia. El suizo arrasó a Del Potro. Fue una demostración de superioridad de las que se ven pocas en el circuito, ninguna a estas alturas de un «grande». Cerró el partido con 13 juegos consecutivos, un doble rosco, sólo nueve errores y todo eso en menos de hora y media. La reacción del argentino, tras perder un punto con 3-1 en contra, fue el perfecto presagio de lo que se avecinaba: «Este hijo de... lo mete todo. Es un boludo. La concha de su madre». Y después del enfado llegó la tormenta perfecta.
Del Potro se sentaba en cada parón y no sabía dónde meterse. Miraba a la grada, se intentaba comunicar con Franco Davin, su técnico, buscando algún resquicio y sólo movía la cabeza: «No puedo, no puedo, no puedo». Federer jugó como lo que ya no es, el número uno del mundo. El suizo estuvo sencillamente perfecto. Era la mejor forma de celebrar su 19ª semifinal consecutiva en un «Grand Slam». A Del Potro sólo le quedó resignarse y tomarse la derrota con humor: «Al final me felicitó por mi torneo y yo lo único que tenía eran ganas de matarle. Sólo me sentí cómodo cuando estábamos 0-0 y estaba sentado en el banquillo», aseguró el «chico del orto».
A Federer le espera en semifinales Andy Roddick. El norteamericano se medirá a su peor pesadilla en el circuito. Se han encontrado 17 veces y el cañonero de Nebraska ha ganado dos partidos. Uno fue en la prehistoria, en 2003; el otro, el año pasado en los cuartos de final de Miami con Federer muy disminuido físicamente.
Casi tanto como acabó Novak Djokovic. El campeón de la pasada edición fue víctima de un golpe de calor y de una de esas reacciones que le convierten en un jugador inmaduro. El verano austral le pesó tanto como su falta de ganas de seguir luchando con un set abajo en el marcador y 2-1 en contra en el cuarto. El serbio perdió la tercera manga y decidió que era el momento de hacer un parón. Era el momento de refrigerarse, aliviar los 38 grados de Melbourne y recibir unos masajes en brazos, cuello y piernas. En cada parón anterior había empleado toallas con hielo para combatir el calor, pero no le sirvió de nada. Roddick le movió de un lado a otro de la pista y «Nole» terminó por rendirse y reabrir una discusión, que ya es clásica. Es la cuarta vez que el balcánico se retira de un torneo de «Grand Slam» y en todas ellas lo hizo con el marcador en contra o cuando el rival pasaba a dominar el partido. Le pasó en 2005 y 2006 en Roland Garros ante Coria y Nadal, respectivamente. Un año después repitió experiencie en Wimbledon ante Rafa.