Goleada con Robben y a lo loco

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Madrid- Robben, ¡titular! Sí, desde el principio, y pegado durante un tramo a la banda derecha, un zurdo cerrado como él, y el Madrid golea, al contragolpe, a lo loco. El fichaje más caro de Calderón daba, por fin, esquinazo a la enfermería. Participó en el tanto de Baptista, el primero; marcó el tercero y dio el sexto a Guti... Y se había lesionado Robinho y no estaba Van Nistelrooy y a Schuster no le quedaban más defensas que los que alineó en un equipo poblado de zurdos y con Raúl, también siniestro, en punta. Total, siete goles, siete, frente a una retaguardia, la del Valladolid, que dio más facilidades que un colmado en las rebajas de enero. Y lo fundamental, más que lo holgado del triunfo, 7-0, o el rancio recuerdo de la derrota en Almería, los ocho puntos de ventaja sobre el Barça.

¡Qué bien juega el Valladolid! Mira, con profundidad, con las líneas engarzadas, al primer toque, en el medio campo del contrario, siempre con la mirada puesta en el portero rival... Como en la «play station». ¡Eh! Que el de enfrente es el Madrid. ¡Eh! Que el partido es en el Bernabéu. ¡Eh! Que es el líder. ¡Eh! Que ya perdió en Almería. ¡Eh! Que es de verdad, no virtual... Y al cabo de varias admoniciones, Robben, el zocato Robben, custodio de la banda derecha, parte de una posición que roza, ¡ojo!, roza, que no es, el fuera de juego, que quien infringe es Raúl, combina con Baptista y éste impone el 1-0, mientras Robinho, en «off side» que no disimula, se abstiene brazos en alto. Hubo alguna protesta vallisoletana. Valió el gol y se acabó el partido... Era el minuto 9 y el líder había descubierto cómo hacer papilla a una defensa en línea más frágil que una copa del Ikea.

Hasta que Baptista marcó, el que jugaba era el Valladolid, y el que sacaba de esquina, y el que rondaba la portería adversaria, y el que sembraba dudas entre el madridismo, y el que reverdecía el amargo recuerdo de Almería. Sólo Sergio Ramos, al límite, como de costumbre, funcionaba a ritmo de final: vio la amarilla a los 21 minutos. Empujaba el Valladolid, mantenía el dominio al otro lado del círculo central, mas ni la lesión fortuita de Robinho ni los regalos de Marcelo ni el desequilibrio madridista, un equipo plagado de zurdos, más aún cuando salió Drenthe, auspiciaban el empate. Y, claro, lo mejor del Madrid de Schuster de esta temporada, que es el contraataque, funcionó a la perfección. Pase en profundidad de Guti y gol de Raúl (31 minutos), que marcó con la derecha después de pillar «in albis» a la zaga violeta, que volvió a hacer mutis cuando Robben materializó el 3-0 (minuto 33), a pase de Guti, también; y que, aún confiada, vendió de nuevo a su portero, Asenjo, y cometió penalti sobre Baptista. Raúl hizo el 4-0 (minuto 39) con la izquierda. Y Guti, también con la zurda, estableció el quinto (minuto 44) con la defensa de Mendilibar aún atascada en el Paseo Zorrilla.

Si Robben, 36 millones de inversión, apenas cuatro partidos completos –hasta éste–, hubiese elegido un contrincante para su reaparición, seguro que habría optado por el Valladolid. ¡Chollazo! Quizá no sean casuales sus dos últimas y recientes derrotas ante el Valencia (0-2) y el Deportivo (3-1). Es que se derrite. Su defensa no mete miedo ni disfrazada de Freddy Krueger un viernes 13. Trata de dibujar la línea del fuera de juego muy adelantada, y no lo consigue. Deja cabos sueltos o algún despistado rezagado. Los cinco tantos encajados en la primera parte tuvieron un origen idéntico, el pase en profundidad, algún zaguero en Babia, un delantero espabilado y, zas, gol.

El sexto, ya en el segundo tiempo, resultó algo más elaborado por las jugadas que lo precedieron, varias a punto de cristalizar. No existía el Valladolid, aunque Casillas le brindó alguna facilidad, y el Madrid, andando y con Diarra en el puesto de Ramos junto a Cannavaro, aumentaba la cuenta sin hacer grandes esfuerzos. Le resultaba sencillísimo marcar, tanto que Schuster se acordó de Soldado, pero fue Drenthe, también con la zurda, el firmante del séptimo.

Lo mejor que se puede hacer por la defensa del Valladolid es mantenerla en el anonimato, sin nombrar a sus integrantes, ni a los medios, y tampoco hacer mención de los delanteros, todos ellos, incomparecentes. El único nombre que sale a la luz y no por voluntad propia es el del cancerbero, Sergio Asenjo, 18 años, toda una carrera por delante, si logra superar el trauma del Bernabéu, que es lo probable. Hacía tiempo que el Madrid no disfrutaba de una tarde de fútbol tan plácida, y de tanto acierto goleador, un lustro, y también le hizo un «siete» al Valladolid, precisamente.