La Gomera un bosque entre playas

La Gomera, un bosque entre playas
La Gomera, un bosque entre playas

Al borde del trópico, las Islas Canarias presumen de un cálido sol durante todo el año. De hecho, en pleno enero, el termómetro sigue marcando los 20 grados centígrados. ¿No es ése uno de los requisitos imprescindibles de cualquier paraíso que se precie? Sí. Y lo mejor de todo es que lo tenemos aquí, a poco más de una hora en avión. De las siete islas que componen el archipiélago, La Gomera, a pesar de su comedido tamaño -o quizás, precisamente por ello- se lleva el primer puesto en eso de convertirse en un espacio bucólico para el viajero. Playas de aguas cristalinas contrastan con rojizas arenas que se pierden entre el verde de la vegetación. Explorar La Gomera tal y como se merece no es subirse a un autobús y recorrerla en tres horas. La isla se presta a mucho más. Para conocerla bien hay que «patearla» sin prisas y, si es posible, a pie. La isla está hecha para el caminante. Para quien quiera perderse por sus frondosos bosques, por sus imponentes barrancos, por sus verdes valles. Para quien quiera descubrir un paisaje excepcional, propio de otros tiempos. Será así, paso a paso, cuando el paisaje deje boquiabierto al viajero. Y no es para menos, pues la estampa es impresionante: los pináculos rocosos se descuelgan sobre empinadas laderas vestidas de helechos, mientras los ancales rebosan de palmeras y bunganvillas en flor. Envejecido por el paso de los siglos, el Parque Nacional de Garajonay es la gran joya de la isla. Las cumbres centrales de La Gomera, envueltas con frecuencia por la niebla, esconden en su interior una selva fascinante, frondosa y espesa, cuyo verdor permanente, a menudo embebido en humedad, sorprende frente a la aridez de las costas y las zonas bajas de la isla. Esta formación vegetal recibe el nombre de laurisilva -que significa selva de laureles-, en alusión a que la mayor parte de la amplia variedad de especies arbóreas que la componen presentan hojas similares a las del laurel. El paso de Colón En la costa este se encuentra San Sebastián de la Gomera, principal población de la isla. Salpicada de coquetas casas blancas desparramadas en torno a una pequeña playa, parte de la gracia de esta localidad reside en la figura de Cristóbal Colón, pues de aquí se abasteció de agua antes de emprender su histórico viaje. En un pozo de la casa de la aduana puede leerse: «Con esta agua fue bautizada América». En el extremo oeste, la sorpresa llega al adentrarse en la localidad de Valle Gran Rey. Como su nombre deja entrever, la villa está emplazada en un fértil valle de palmeras y bancales. Sin necesidad de gastar en exceso, la isla cuenta con una oferta de alojamientos apta para todos los bolsillos. Garantía segura es el Parador de La Gomera, un establecimiento de cuatro estrellas y arquitectura isleña desde el que puede contemplarse la cercana isla de Tenerife, y su emblemático Teide. Algo más asequible es el hotel Torre del Conde, un tres estrellas de 38 habitaciones ubicado en el centro de San Sebastián.