Leyes con gabardina

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Mi abuela decía que una gamba pelada es una gamba pobre, y una gamba con gabardina una gamba rica. Alberto Alcocer y Alberto Cortina, «los albertos», son dos primos (parientes, no idiotas) con gabardina. O sea, que tienen abundante pasta. Mucha de ella procedente de un delito de estafa y otro de falsedad, según parece probado. Sin embargo, la sala Segunda del Tribunal Constitucional ha absuelto a los albertos, librándolos del trullo. Lo que ha ocurrido con el poder judicial en estos cuatro años quizás pasará a la historia o al Museo de sus Horrores pero, por una vez, estoy de acuerdo con el Fiscal General del Estado, Conde-Pumpido: yo también discrepo total, radical y profundamente con esa sentencia que nos ha devuelto a martillazo judicial a los tiempos del «pelotazo» de tan infausta memoria en España, a la idea de que si eres poderoso, y tienes buenas amistades, puedes hacer lo que te venga en gana, incluso robar, porque no pasa nada. Los albertos pertenecían a la «beautiful people» socialista de los tiempos del hoy nervioso jubileta Felipe González, pero además fueron coleguis de Aznar, a través de Juan Villalonga –ex presidente de esta Telefónica que hoy gana millones a espuertas–, e incluso del Rey. Dos empresarios feos, casados con bellezas, bien relacionados, que vendieron unos terrenitos que costaron un precio X mientras a los pequeños accionistas de su empresa, Urbanor, les dijeron que el precio era Y (mucho más bajo) y ellos se embolsaron la diferencia: 4.500 millones de pelas. Después de la «doctrina Botín» del juez Bermúdez –que, según los muy entendidos, vulnera descaradamente el principio de igualdad ante la ley– que absolvió a Botín alegando que se había producido una modificación en la norma que no se produjo en realidad, ahora llega la «tutela judicial reforzada» para el rico, que es lo que invoca el Constitucional en defensa de los de la gabardina. Mientras al resto –clase media y demás escoria– nos mandan a casa a los Marines por una multa de tráfico. (Qué demasiao…).