«Ignasi M» sin miedo al fracaso

Ventura Pons tiene que imponerse como director en la entrevista, pues es tal la verborrea de su protagonista que apenas le deja espacio de explicarse. No parece que le haya costado mucho someterse a ese desnudo integral que es «Ignasi M». El realizador vislumbraba en Millet, el más extrovertido de su grupo de calçotadas, a un personaje cinematográfico que esculpe con retazos de su poliédrica existencia. Restaurador de fama internacional cuya empresa se viene abajo con la crisis, seropositivo militante, padre homosexual... La cinta no rehuye el conflico: de un gay y una madre que ahora vive con una lesbiana sale un hijo que abraza la fe cristiana y asegura que su padre vive en pecado.

Fracaso necesario

«Lo importante es hablar el uno con el otro, aunque no lleguemos a ningún tipo de acuerdo», subraya el protagonista. Ni tampoco esquiva la frustración, pues detalla cómo alguien que contaba con uno de los estudios más prestigiosos de España vio cómo se derribaba: «A mis alumnos les cuento las piezas que se me han roto, nadie le habla del fracaso, pero creo que es necesario. Además de que es una de las cosas de las que más se aprende, también tiene un efecto volcán», apunta.

La cámara de Pons se detiene también en la vida de un seropositivo ahora que se trata de una enfermedad crónica pero no exenta de complicaciones. Aun así, prefiere el tono cómico a la hora de explicar, por ejemplo, que debe ingerir más de veinte píldoras diarias. Un filme rodado en plena oleada independentista no podía resistirse a tocar el asunto y más con el profundo catalanismo que impregna al personaje. «Fue una secuencia improvisada, pero la política no es lo que más me interesa en esta película», advierte el director. Sin embargo, logra uno de los momentos más interesantes del filme cuando el ayudante argentino de Millet se esfuerza por explicarle que más allá de las aspiraciones independentistas, muchos catalanes no saben lo que es una verdadera crisis como la que su país vivió.