Coronavirus

Caer enfermo por coronavirus en Estados Unidos, la ruina para millones de personas

Casi 30 millones de personas no tienen seguro médicos y otros tantos poseen uno muy precario. Afrontan la epidemia con muchas menos garantías que los de otras naciones desarrolladas

New York Coronavirus Mount Sinai Hospital
Un doctor camina junto al hospital Monte Sinaí de Nueva York FOTO: JUSTIN LANE EFE

379.965 positivos por coronavirus y 12.242 muertes. Son los datos, terribles del epicentro de la pandemia por coronavirus, Estados Unidos. Un país donde muchos vienen advirtiendo que la naturaleza del sistema, sus evidentes insuficiencias, la gran masa de población sin cobertura, cerca de 28 millones, o con seguros precarios, incontables, multiplicaría la voracidad de la crisis.

Puntera por tantas razones, esencialmente relacionadas con la investigación y los servicios más elitistas, la sanidad de Estados Unidos es también tremendamente irregular. Es muy posible que sus laboratorios figuren entre los primeros en desarrollar una vacuna y/o un tratamiento para los enfermos. Al mismo tiempo millones de ciudadanos afrontan la epidemia con muchas menos garantías que los de otras naciones desarrolladas.

Se estima que gracias a la reforma sanitaria de Obama, el célebre Obamacare, tan celebrado como polémica, cerca de 20 millones de estadounidenses lograron asegurarse. Pero los seguros, en EE UU, están íntimamente ligados al trabajo. Con el paro en cifras inéditas desde los tiempos de la Gran Depresión, más de 6 millones de parados en apenas 15 días, peligran muchos de los beneficios de los nuevos parados. Y hay muchos estadounidenses que todavía hoy viven en un limbo sanitario.

La NBC, por ejemplo, cita un estudio del Economic Policy Institute, publicado este jueves, que estima que hasta 3,5 millones de trabajadores «pueden haber perdido su seguro de salud patrocinado por el empleador en las últimas dos semanas debido a los despidos». Entre los empeños de la ley, criticada tanto por los republicanos como por el ala izquierda del partido demócrata, figuraba destacada la intención de expandir la cobertura sanitaria, para lo que por ejemplo extendía créditos a muy bajo costo, la ampliación del Medicaid, la sanidad pública que cubre a los adultos con ingresos por debajo de cierto nivel.

Como de costumbre en país tan descentralizado como EE UU, el gobierno federal ha preferido dejar la respuesta en manos de los estados también en la cuestión de los seguros. Algunos estados han suavizado las condiciones para acceder a los beneficios del Obamacare, mientras que otros han preferido no tocarlos.

Silla de ruedas antes que operación

El miedo de los epidemiólogos siempre fue que millones de empleados, por ejemplo aquellos con copagos demasiado onerosos, por no hablar de los inmigrantes ilegales, siguieran acudiendo a sus trabajos a pesar de desarrollar síntomas compatibles con el coronavirus. A fin de cuentas, por citar un ejemplo entre mil, EEUU es un país donde en sus barrios más pobres resulta frecuente encontrarse con decenas de personas en sillas de ruedas: sale mucho más barato postrarse en una silla que operarse de la cadera.

Para muchos comentaristas la falta de un sistema de salud universal provocaría problemas añadidos. Los costos siempre han pesado en las decisiones de los enfermos estadounidenses, donde una simple visita al médico de atención primaria, y eso contando con un seguro, no baja de los 50 dólares, y donde cuidados tan sencillos como la extracción de unas tiritas de sutura, ni siquiera unos puntos, ronda los 400 dólares en el caso de no estar asegurado.

Por si fuera poco Estados Unidos tiene médicos y menos camas de hospital que otros muchos países desarrollados. De hecho son 2,6 médicos por cada 1.000 personas, frente a los 3,3 de Portugal, los 3,5 de Holanda, los 3,6 de Australia, los 4 de Rusia y Argentina, los 4,1 de España e Italia, los 4,2 de Alemania, los 4,6 de Grecia y Noruega, los 6,6 de Mónaco.

A todo esto se añade la catastrófica respuesta de los tests, que el gobierno fue incapaz de coordinar durante semanas. Ciertamente la Casa Blanca habla de pagar los costos sanitarios de aquellos ingresados por coronavirus y que carezcan de seguro, algo inimaginable hace apenas un mes, pero la letra pequeña es tan complicada, las condiciones tan vagas, los requisitos tan intrincados y las excepciones tan numerosas que, tal y como explicó Sara Collins, vicepresidente de la Fundación de Cobertura y Acceso a la Atención Médica de la Commonwealth, radicada en Nueva York, podríamos estar ante «una enfermedad catastrófica tanto desde una perspectiva física como financiera. Se trata del tipo de sucesos que, en el caso de no tener, puede hundirte».

El precio por ser ingresado

Collins también explicaba que los costos hospitalarios para un ingresado por coronavirus, en especial en los casos más graves, que requieran el uso de ventiladores y el internamiento en la UCI, puede irse más allá de los 20.000 dólares: «la tasa negociada que las grandes compañías de seguros de salud están pagando a los proveedores de una persona con neumonía con complicaciones significativas está en el estadio de 20.000 dólares».

Otros estudios citados por la emisora, como un recientemente publicado por la Kaiser Family Foundation, estiman que el tratamiento no bajará de los 40.292 dólares de media, de los que entre 1.300 y 6.000 puede corresponderle pagar al asegurado. O como le explicaba a mediados de marzo Cynthia Cox, experta en Salud de la Peterson-Kaiser, a la revista Vox: «El brote de coronavirus está exponiendo ineficiencias e inequidades en nuestro sistema de salud, y es probable que ejerza mucha más presión sobre el sistema en las próximas semanas».