Pimienta en los genitales, descargas o arrancar uñas: Así son los terribles interrogatorios en Irán

Amnistía Internacional denuncia “un catálogo de espantosas violaciones de derechos humanos, que incluyen detenciones arbitrarias, desapariciones forzadas, tortura y otros malos tratos” en el país

Las fuerzas de seguridad iraníes utilizaron brutales métodos de tortura para obtener confesiones tras las protestas de noviembre del año pasado por la subida del precio de la gasolina. El gobierno reprimió las movilizaciones con cientos de detenciones y un apagó casi total de internet. Así lo recoge un informe de Amnistía Internacional (AI), elaborado a partir del testimonio de docenas de las cerca de las 7.000 personas detenidas, incluidos niños de hasta 10 años.

Entre las denuncias más graves, figura “un catálogo de espantosas violaciones de derechos humanos, que incluyen detenciones arbitrarias, desapariciones forzadas, tortura y otros malos tratos”, relata el informe que además, deja claro que las autoridades iraníes están dispuestas a cualquier cosa para obtener información en los interrogatorios.

Las técnicas de tortura incluían agua, golpes, descargas eléctricas, rociado de pimienta en los genitales, violencia sexual, simulacros de ejecución y arrancamiento de las uñas de los dedos de las manos y los pies. La tortura y otros malos tratos por parte de la policía, agentes de inteligencia y otros “estaban generalizados”, establece el informe, que registró los nombres de más de 500 personas “sometidas a procedimientos penales injustos en relación con las protestas”. “Desde entonces, cientos han sido condenados a penas de prisión y azotes y varios a la pena de muerte tras juicios manifiestamente injustos que fueron presididos por jueces parciales a puerta cerrada”, denuncia AI.

Las penas de prisión oscilaban entre un mes y 10 años, según el informe, por cargos como reunión y confabulación para cometer delitos contra la seguridad nacional, “difundir propaganda contra el sistema”, “alterar el orden público” e “insultar al líder supremo”. Además, decenas de personas fueron ejecutadas tras juicios injustos, a veces en público. Algunas eran menores de 18 años en el momento del delito.

Un hombre presuntamente torturado con descargas eléctricas le dijo a Amnistía Internacional que “sentí como si todo mi cuerpo estuviera siendo perforado con millones de agujas”. Otro manifestante explicó que lo habían colgado de las manos y los pies de un poste, un método que, según los informes, sus interrogadores llamaron “kebab de pollo”, añade el informe. “El dolor era insoportable”, dijo. ’Había tanta presión y dolor en mi cuerpo que me orinaba encima... Mi familia sabe que fui torturado, pero no saben cómo. Me siento ahogado por las lágrimas porque no hay nadie aquí con quien pueda hablar”.

Un tercer hombre, de la provincia de Khorasan Razavi, recordó de cómo fue sometido a inmersiones en agua: “Empapaban una toalla en agua y me la colocaban en la cara. Luego vertían agua lentamente sobre la toalla, lo que me hacía sentir como si me estuviera asfixiando... Paraban... Hasta que comenzaba a sentirme mejor y luego comenzaban a torturarme de de la misma forma. También me dieron puñetazos, patadas y latigazos con un cable en las plantas de los pies“.

Diana Eltahawy, directora regional adjunta de Amnistía Internacional para Oriente Medio y África del Norte, denunció la actitud de los fiscales iraníes que en lugar de investigar las denuncias de desaparición forzada, tortura y otros malos tratos y otros delitos contra los detenidos, “se volvieron cómplices de la campaña de represión al presentar cargos de seguridad nacional contra cientos de personas”. Los detenidos estaban imputados “únicamente por ejercer sus derechos a la libertad de expresión, asociación y reunión pacífica, mientras que los jueces dictaban veredictos de culpabilidad sobre la base de confesiones contaminadas con tortura”, agregó.

El director regional dijo que se obligó a los manifestantes a confesar sus delitos en televisión para hacer propaganda del gobierno y que fueron acompañadas de “declaraciones grotescas de altos funcionarios que han elogiado a las fuerzas de inteligencia y seguridad como héroes por su papel en la brutal represión”.

En el informe de Amnistía Internacional, se insta a los estados miembros del Consejo de Derechos Humanos de la ONU y la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos a abordar las violaciones de derechos humanos en Irán mediante una profunda investigación liderada por la ONU.

En mayo, el ministro del Interior de Irán sugirió que hasta 225 personas murieron durante las protestas de noviembre, en las que se incendiaron surtidores de gasolina, atacaron comisarías de policía y saquearon tiendas. Un grupo de expertos independientes en derechos de la ONU dijo en diciembre que más de 400 personas podrían haber muerto durante esos días. Irán culpó del estallido de violencia a grupos rebeldes respaldados por Estados Unidos, Israel y Arabia Saudita.

El Código Penal Islámico continua estableciend0 castigos corporales judiciales constitutivos de tortura, entre ellos flagelación, ceguera y amputación. Decenas de personas fueron condenadas a flagelación por robo y agresión, así como por actos que, según el derecho internacional de los derechos humanos, no debían constituir delito. Tales actos incluían participar en protestas pacíficas, mantener relaciones extramatrimoniales, asistir a fiestas mixtas y beber alcohol. En julio, el cantante kurdo Peyman Mirzazadeh recibió 100 latigazos tras ser declarado culpable de cargos que incluían “beber alcohol”. En octubre se amputó una mano a una persona recluida en una prisión de Sari, provincia de Mazandarán, por robo.