Asad se juega su futuro en Lataquia

La batalla que se libra en el noroeste del país marcará el final de los casi dos años de conflicto. Se trata del bastión de los alauíes, la comunidad religiosa a la que pertenece el «rais»

Miembros del Ejército Libre de Siria, que lucha contra Asad en Damasco
Miembros del Ejército Libre de Siria, que lucha contra Asad en Damasco

Tras el avance en la capital Siria, donde continúan los combates cerca del aeropuerto internacional de Damasco, los rebeldes controlan además gran parte de Jabal Akrad, –la cordillera montañosa noroccidental que divide las provincias de Lataquia, Idlib y Hama–. En estas estratégicas montañas se juega el futuro de Siria, ya que todo apunta a que al final el país se dividirá, y la región de la costa occidental, entre Lataquia y Tartus, será el futuro hogar de los alauíes, la comunidad religiosa a la que pertenece el presidente Bachar al Asad. La paulatina liberación de Jabal Akrad empezó apenas unos meses atrás. Hasta junio los rebeldes no consiguieron romper el cerco de esta blindada provincia, cuna de la familia Asad. Los rebeldes han liberado Salma, a sólo 60 kilómetros de Lataquia, y ahora preparan una ofensiva para recuperar Al Haffe, la segunda ciudad suní más poblada, con 100.000 habitantes.

Poco se ha hablado de la masacre de Al Haffe, donde en un solo día, el 12 de junio, las fuerzas de Asad y los «shabihas» (matones del régimen) mataron a sangre fría a más de un centenar de personas en esta localidad de mayoría suní. Con la toma del puesto militar de Zaini, en la carretera general que conduce desde Lataquia a Alepo, los rebeldes han cortado la ruta de suministros de las fuerzas de régimen. Los feroces combates por la toma de Zaine y la vecina Bidama, en octubre, apenas duró 30 minutos. «Éramos entre 300 y 400 combatientes que se enfrentaron a 800 soldados y mataron a cincuenta», relata Mohamed al Wasir, rebelde de las montañas de Lataquia. Cuando los soldados se sintieron acorralados, «muchos de ellos huyeron y otros tantos fueron capturados», continúa el rebelde, que añade que entre sus filas hubo 20 bajas, la mayoría murió en la explosión del garaje donde estacionaban los camiones del Ejército, tanquetas y grúas militares. «Había plantados explosivos y los activaron por control remoto cuando entramos allí», detalla. Las tropas sirias dejaron un mensaje de advertencia sobre los muros del aparcamiento: «Volveremos con nuestros aviones».

Los rebeldes guardan como trofeos de guerra cajas de municiones vacías, casquillos de 14 milímetros para las ametralladoras antiaéreas, y de 50 milímetros para las ametralladoras de los tanques. Todas las aldeas que han sido liberadas en Jabal Akrad viven el infierno diario de los bombardeos del régimen. Desde bidones de TNT arrojados desde helicópteros a fuego de mortero y RPG, que han hecho que la mayoría de los vecinos haya decidido abandonar sus hogares y marcharse a los campamentos abarrotados de Turquía. En Serminia, una de las localidades más castigadas por los morteros del régimen, no queda ni un alma. Esta localidad fue en la antigüedad centro de peregrinación de los primeros cristianos. La aldea está coronada por el monasterio de Al Sermani, enclavado en una montaña, donde se refugió Mar Marón (350-410 D.C), fundador de la Iglesia cristiana de los maronitas. Según la leyenda popular, 500 monjes de la orden vivieron allí y tenían gallinas que ponían huevos de oro. Ahora sólo quedan rocas erosionadas con el tiempo y cuevas que se han convertido en el refugio de milicianos del ELS, que vigilan desde las montañas los movimientos del enemigo.

Unos kilómetros más arriba, subiendo estas empinadas carreteras de montaña, se encuentra la aldea de Duar Akrad, que ha corrido la misma suerte. La población no supera las 50 personas, la mayoría rebeldes y algún que otro anciano que ha decidido permanecer allí. Todas las noches, los soldados del régimen apostados en un puesto de control en la falda de la montaña saludan a los aldeanos con una ristra de cohetes. El último que impactó en Duar Akrad destrozó el generador de la electricidad, dejando medio pueblo a oscuras.

El Ejército rebelde de Jabal Akrad nació en Kabani. Unos 16 oficiales desertores permanecimos escondidos en casa de Um al Zuar, (la madre de los rebeldes), tres meses y contactaron con jóvenes de la zona para que los ayudaran. «Con sólo 40 hombres liberamos en un día Kabani. Sólo teníamos seis Kalashnikov y el resto eran escopetas de caza. Esperamos a que los 'shabihas' y las fuerzas de seguridad salieran del pueblo y les hicimos una emboscada», explica el teniente coronel Abu Ahmad. Desde entonces, «la gente de Jabal Akrad comenzó a confiar en nosotros y formamos decenas de batallones».

A pesar del entusiasmo, el coronel rebelde reconoce que su ejército no cuenta con muchos medios para lograr un triunfo en la contienda. «A través de Qatar y Arabia Saudí, el CNS está pagando un sueldo de unos 200 dólares y suministrando armamento y provisiones a los rebeldes que están luchando en otras provincias, pero a nosotros no nos dan nada porque quieren debilitarnos para que nos marchemos y así la zona quedará libre para crear un estado alauita en Lataquia», denuncia Abu Ahmad.