El terror del EI desestabiliza el diálogo de Siria

El Estado Islámico mata a unas 60 personas en Damasco para eclipsar la cita de Ginebra

El primer coche bomba ha hecho explosión junto a un autobús
El primer coche bomba ha hecho explosión junto a un autobús

Mientras representantes de la oposición siria y del Gobierno de Asad estaban convocados en Ginebra ayer para comenzar las primeras conversaciones indirectas con el mediador de la ONU, un atroz atentado suicida sesgó ayer la vida de al menos 60 personas en la periferia de Damasco.

Mientras representantes de la oposición siria y del Gobierno de Bachar al Asad estaban convocados en Ginebra ayer para comenzar las primeras conversaciones indirectas con el mediador de la ONU, Stefan De Mistura, un atroz atentado suicida sesgó ayer la vida de al menos 60 personas en la periferia de Damasco. El ataque, perpetrado por varios suicidas, es un aviso de que cuanto más se dilaten las negociaciones de paz, más seguirá creciendo el número de muertos en Siria.

Según la agencia estatal Sana, un coche bomba explotó en una parada de autobús en la zona de Ku Sudán, donde se encuentra el santuario chií de Sayeda Zeinab, y después dos terroristas hicieron explotar los cinturones que llevaban adosados al cuerpo cuando los vecinos acudieron para ayudar a los heridos del primer ataque. Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, hubo 58 muertos, entre los que se encontraban 20 civiles, algunos niños y 25 combatientes chiíes extranjeros. El Estado Islámico reivindicó de inmediato el atentado en una cuenta de Twitter. El lugar del ataque se corresponde con un área densamente poblada del sur de Damasco y es un punto de peregrinación para los chiíes, ya que se encuentra el mausoleo de la nieta del profeta Mahoma.

Desde Ginebra, el jefe negociador del régimen, Bashar Jaafari, denunció que el atentado en Damasco demuestra «el vínculo entre la oposición y el terrorismo». Unas declaraciones acusatorias que apuntan a que las negociaciones pueden tambalearse incluso antes de comenzar. La delegación gubernamental insistió ayer en que las conversaciones con la oposición deben empezar «sin precondiciones» y «sin interferencias extrajeras», apuntó Jaafari, quien acusó a «potencias extranjeras» de «utilizar el terrorismo como arma política» y, concretamente, señaló al presidente turco de enviar «personalmente» armas a los grupos rebeldes de corte yihadista. «No sabemos quién se sentará a la mesa con nosotros. ni siquiera De Mistura lo sabe», dijo tras un discurso de 45 minutos.

Por su parte, el equipo negociador de la oposición afirmó, después de su reunión con De Mistura, que no iniciarán conversaciones con el régimen hasta que no reciban garantías de que la situación humanitaria en Siria va a mejorar. «No estamos aquí para negociar, sino para sentar las bases para poder hacerlo», precisó en una rueda de prensa Bassma Kadamani, miembro del Alto Comité Negociador. «El régimen sirio ha venido aquí por una razón: ganar tiempo para matar a más gente», censuró, a su vez, el portavoz del grupo, Salem Muslit, quien afirmó que se quedarán en Ginebra el tiempo que sea necesario y que no se han impuesto ninguna fecha límite.

La oposición pide aplicar los artículos 12 y 13 de la resolución 2254 del Consejo de Seguridad de la ONU, que insta a las partes a permitir el acceso a las agencias humanitarias para asistir a la población –sobre todo en áreas asediadas–, así como el fin de los ataques indiscriminados a civiles. «Queremos que la comida llegue a nuestros niños, ver que las familias están a salvo en sus hogares», sostuvo Muslit. El propio De Mistura ha dicho en varias ocasiones que dicha resolución no debe formar parte de las negociaciones, sino que se debe implementar. «Para nosotros, la lucha no es sólo contra Asad, sino contra la ocupación. Irán y Rusia están ocupando Siria y los terroristas son reclutados por este régimen para luchar contra los sirios», denunció el jefe negociador opositor.