Cameron dimite tras su fracaso

El líder conservador, que pasará a la historia como el «premier» que sacó a Reino Unido de la UE, abandonará el número 10 de Downing Street en octubre.

David Cameron y su esposa, Samantha, entran en el 10 de Downing Street
David Cameron y su esposa, Samantha, entran en el 10 de Downing Street

El líder conservador, que pasará a la historia como el «premier» que sacó a Reino Unido de la UE, abandonará el número 10 de Downing Street en octubre.

El aún líder «tory», David Cameron, quería pasar a la historia como el «premier» que dio carpetazo a los dos grandes fantasmas: el independentismo escocés y el euroescepticismo. El primer órdago salió bien. Y envalentonado por la inesperada mayoría que cosechó hace tan sólo un año en las generales, puso encima de la mesa el siguiente plebiscito convencido de repetir hazaña. Pero las cartas del hasta ayer «político con suerte» no han jugado a su favor.

Muy lejos queda ya la estatua de héroe con la que soñaba. Cameron será recordado por ser el «premier» que sacó a Reino Unido de la Unión Europea, y no precisamente por clamor popular, sino por presión interna. Muchos analistas coincidían ayer en que si en los pasados comicios hubieran ganado los laboristas, ahora no se estaría hablando de Brexit. Pero ganaron los «tories», y con el objetivo de saciar el apetito euroescéptico de sus filas más radicales, Cameron convocó una consulta tachada hoy de «irresponsable».

La jugada no pudo salirle peor. Al fin y al cabo, el «premier» había cavado su tumba política mucho antes de que comenzara el recuento de votos. Es tal la guerra civil en la que se encuentra actualmente el Partido Conservador que ni siquiera ganando la permanencia Cameron habría logrado quedarse en su puesto.

Las diferencias en la formación comenzaron en febrero, cuando durante una interminable cumbre europea, el aún primer ministro británico negoció una serie de reformas encaminadas, sobre todo, a restringir el acceso de las ayudas sociales a los inmigrantes, tanto extracomunitarios como comunitarios. Sin embargo, las medidas no saciaron los ánimos euroescépticos de sus propias filas y para evitar la revuelta interna, se vio obligado a dar libertad a los suyos durante la campaña.

A Cameron le habría gustado tomar el mismo perfil que el laborista Harold Wilson tuvo en la campaña del referéndum de 1975, cuando por primera vez se preguntó a los británicos sobre la adhesión a la Comunidad Económica Europea. En definitiva, más neutral, más en segunda fila para unificar a sus filas. Pero finalmente se vio obligado a implicarse de lleno al no encontrar otra voz pro UE de peso. La pasividad de Jeremy Corbyn no le dio margen de maniobra.

En los últimos días de campaña, diversos medios ya informaban de los movimientos entre bambalinas en el Gabinete para reemplazar al «premier». Los rebeldes buscan una figura de peso con el poder de unificar el partido en el caos, dispuesto a liderar la transición para evitar la toma de poder inmediata del controvertido Boris Johnson.

La mano derecha de Cameron, el ministro del Tesoro, George Osborne, se perfilaba en primavera con uno de los favoritos para la sucesión. Una sucesión de la que se habla desde el año pasado, cuando el «premier» anunció que no sería candidato para 2020. Pero la autoridad de Osborne es ahora nula. Sus propias filas le acusan de haber exagerado los datos económicos para pedir el voto por la permanencia. Su anuncio la semana pasada de que, en caso de Brexit, se vería obligado a presentar inmediatamente unos durísimos Presupuestos de emergencia fue desafiado por hasta 65 diputados conservadores, que anunciaron que votarían en contra.

El futuro del partido se presenta ahora incierto. Pero lo que está claro es que Cameron ya no será el capitán del barco. «Haré todo lo que pueda como primer ministro para enderezar el barco en las próximas semanas y meses, pero no creo que estuviese bien intentar ser el capitán que conduzca nuestro país hacia su próximo destino», manifestó el líder más joven que ha tenido el Partido Conservador, el hombre que hace tan sólo un año celebraba en Downing Street la primera mayoría tory desde 1992. Con voz rota, recalcó: «La voluntad del pueblo británico es una instrucción que debe ser cumplida. Quiero a este país y me siento honrado de haberle servido y haré todo lo que pueda en el futuro para ayudar a este gran país a prosperar».