Cautela tras la tregua entre EE UU y la UE

Alemania expresa su alivio ante su sector automovilístico, mientras Francia se muestra reticente.

El presidente de EE UU, Donald Trump, a su llegada ayer a la base aérea de Andrews
El presidente de EE UU, Donald Trump, a su llegada ayer a la base aérea de Andrews

Alemania expresa su alivio ante su sector automovilístico, mientras Francia se muestra reticente.

Donald Trump y Jean-Claude Juncker se reunieron el miércoles en el Despacho Oval para aliviar las fuertes tensiones comerciales entre la UE y EE UU. «Somos socios y aliados cercanos, no enemigos. Debemos concentrarnos en bajar los aranceles, no en subirlos», afirmó Juncker durante su visita oficial a Washington y en respuesta a las declaraciones de Trump asegurando que la UE es «el enemigo». «Podemos no tener aranceles, barreras o subsidios. Washington estará extremadamente contento», aseguró Trump, quien recibió al presidente de la Comisión Europea con la finalidad de obtener un acuerdo «muy positivo» con la UE y remarcó que espera «competencia en igualdad de condiciones» para sus productores. «Con la UE o con otros, tiene que haber un acuerdo recíproco a mínimos. Estamos trabajando en eso y creo que estamos logrando avances», dijo el estadounidense. Durante el encuentro, Trump y Juncker mostraron un diálogo abierto y anunciaron la decisión de no imponer nuevas barreras arancelarias mientras se lleven a cabo las conversaciones.

Trump aprovechó también la ocasión para promocionar otros productos de su país, como la soja y el gas natural licuado, instando a la UE a comprarlos. A lo que Juncker le respondió que la compra de gas solo avanzaría «si las condiciones fueran las adecuadas y el precio competitivo».

Ambas partes acordaron continuar con el diálogo, aunque sin marcar un calendario, ni tampoco ninguna decisión concreta. Trump no mostró ningún compromiso específico para levantar las tarifas de acero y aluminio impuestas en junio, ni tampoco Juncker propuso retirar las represalias planteadas por la UE. Aunque este alto el fuego podría no ser permanente, tal y como señalan algunos expertos, que ven en Trump la urgencia de frenar alguno de los diversos frentes abiertos por el mandatario, sobre todo teniendo en cuenta que EE UU y la UE representan la mitad del comercio mundial. Sin olvidar la presión de los legisladores republicanos ante las elecciones de mitad de mandato de noviembre

Además, la paz ha durado poco. Aunque el encuentro entre el presidente del Ejecutivo comunitario y el inquilino de la Casa Blanca ha sido prácticamente el único respiro diplomático tras meses de guerra fría, las capitales europeas han reaccionado de manera muy diferente. Antes de que Juncker pisara suelo comunitario, Francia pidió algunas aclaraciones sobre el pacto temporal de no agresión alcanzado con Trump. «Francia siempre ha dicho que era necesario evitar una guerra comercial que solo ocasionaría perdedores», aseguró ayer el ministro de Finanzas, Bruno Le Maire. Tras las felicitaciones de rigor, las primeras reticencias. Según el ministro galo, «una buena discusión comercial tan solo se puede hacer sobre bases claras y no pueden estar marcadas por la presión». Unas declaraciones que contrastan con la euforia desatada en Berlín. El ministro de Economía germano, Peter Altmaier, se apresuró a felicitar a Juncker. A través de Twitter calificó el acuerdo de «buena noticia» y elogió las dotes negociadoras de la delegación europea. Con algo más de cautela, el presidente de la Confederación Alemana de Cámaras de Industria y Comercio, Eric Schewitzer, recomendó «cierta posición de escepticismo», aunque también subrayó que las soluciones tras el encuentro en Washington apuntan en la buena dirección.

Los intereses divergentes entre Berlín y París son palpables. Mientras el Elíseo no quiere soliviantar a su agricultores, la Cancillería ve peligrar su poderío exportador si Estados Unidos cumple su amenaza de imponer aranceles a los automóviles.