Asia

China busca el efecto Deng Xiaoping

La cúpula del PCCh se reúne durante cuatro días para abordar las reformas económicas y sociales necesarias que preserven la legitimidad del régimen

El presidente chino, Xi Jinping, durante una recepción en Pekín
El presidente chino, Xi Jinping, durante una recepción en Pekín

Desde 1978, el Comité Central del Partido Comunista Chino (PCCh) tan sólo ha convocado seis sesiones plenarias, y desde que en esta fecha Deng Xiaoping aprovechó la cita para anunciar las grandes medidas que transformarían la economía del país y abrieran en gran medida al gigante asiático al resto del mundo, todas las miradas están puestas ahora en el encuentro que comenzó ayer. Los 376 miembros del Comité acudieron puntuales al hotel de Pekín donde tendrán lugar hasta el martes a puerta cerrada varias sesiones en las que se pondrán sobre la mesa temas como la economía, el medio ambiente, el sistema social y empresarial del país.

El III Plenario del Comité Central del XVIII Congreso del PCCh supone para el actual presidente del país, Xi Jinping (en el cargo desde marzo de 2013 y secretario general del partido desde noviembre de 2012), su gran oportunidad para mostrar hasta qué punto tiene deseos de dar un giro a la segunda economía mundial. De fondo subyace la necesidad de dar un impulso a su sistema fiscal, ya que la recesión económica global también ha hecho mella en China. De hecho, hasta ahora ésta ha sido su gran baza para ocultar otros problemas mayores como las desigualdades sociales o la falta de respeto de los derechos humanos, por lo que si su gran aliado (las fuertes cifras económicas cotiza a la baja, la revolución social puede estallar.

A pesar de encontrarse entre la espada y la pared, y más aún después de los dos últimos atentados contra instituciones del régimen –uno de ellos, supuestamente, a cargo de un grupo terrorista islámico y otro por ciudadanos descontentos con el sistema–, los analistas no confían en que esta sesión plenaria vaya a producirse un cambio de rumbo notorio, y menos aún en cuanto a reformas políticas se refiere. Desde que Jinping llegó a la presidencia se han reforzado los controles del régimen, la vigilancia en internet y se ha penalizado más aún las críticas al régimen, por lo que cuesta creer que, tal y como afirmó el alto cargo chino, Yu Zhenshen, «se vayan a producir cambios sin precedentes». «Ahora que el eje económico mundial se ha desplazado al pacífico, dejando atrás la supremacía que antes existía entre Europa y EE UU, creo que es el momento de que China resuelva sus problemas. Su gran reto es poner fin a esa incertidumbre social y política en la que están inmersos y que sus líderes tengan una visión fuerte y real del futuro», asegura a LA RAZÓN Xin Liu, investigadora del Berkeley Center. Uno de los puntos clave es introducir ciertas modificaciones en su modelo económico actual basado en las exportaciones. Los expertos coinciden en que es necesario reforzar el consumo interno así como poner coto a la corrupción que lastra las instituciones y en contra de la cual ha hecho campaña Jinping con medidas más de escaparate que reales. Y es que existen potentes lobbies que torpedean cualquier posible intención de cambio en china. Por ejemplo hay las empresas y bancos estatales que manifiestan un rechazo total a la liberación de las tasas de interés que permitiría a las entidades bancarias convertir Shanghái en una zona de libre comercio. El resultado de los cuatro días de negociaciones entre los líderes chinos no se conocerá hasta el martes, cuando, a través de la agencia oficial Xinhua, se filtrarán alguno de los acuerdos a los que han llegado.