Erdogan impone su autocracia pese a vencer por la mínima

Con el 51,2% de «síes» frente a un 48,8% de «noes» se sustituye el sistema parlamentario por uno presidencialista, sin primer ministro, que otorga todo el poder al jefe de Estado.

Tayyip Erdogan habla hoy tras el referéndum que ha aprobado hoy una reforma constitucional en Turquía que da más poder al presidente.
Tayyip Erdogan habla hoy tras el referéndum que ha aprobado hoy una reforma constitucional en Turquía que da más poder al presidente.

Con el 51,2% de «síes» frente a un 48,8% de «noes» se sustituye el sistema parlamentario por uno presidencialista, sin primer ministro, que otorga todo el poder al jefe de Estado.

Con un margen muy ajustado ganó el «sí» con el 51,2% de los votos, mientras el «no» al referéndum presidencial alcanzó el 48,8%. Unos 48 millones de turcos decidieron ayer en las urnas sustituir el sistema parlamentario por uno presidencialista. La reforma constitucional, que elimina la figura del primer ministro, dará al presidente Recep Tayyip Erdogan la facultad de nombrar a los ministros, elegir a los jueces y disolver el Parlamento sin necesidad de un consenso en la Asamblea. La reforma refuerza aún más la figura del jefe de Estado, al abolir la moción de censura. Con un poder ilimitado tanto ejecutivo como legislativo, el presidente se convertirá en un intocable que podría dar rienda suelta a un régimen autoritario a imagen y semejanza del Egipto de Mubarak o el régimen de Asad. «Turquía ha tomado una decisión histórica en un debate que dura 200 años y que es un cambio muy serio en nuestro sistema administrativo», dijo el presidente al conocer la victoria. «Es siempre difícil defender un cambio, y fácil mantener el status quo, pero gracias a Dios hemos tenido éxito ». El presidente expresó su agradecimiento a su primer ministro, Binali Yildirim, pero también a Devlet Bahçeli, líder del derechista MHP, que respaldó la reforma . «A partir de mañana, en lugar de meternos en discusiones inútiles debemos trabajar. También los países extranjeros deben respetar el resultado», demandó Erdogan. Europa lleva meses mirando con precaución sus movimientos que se alejan cada vez más de los principios para poder adherirse a la UE. Si bien el fin último de Turquía ya no es ser un miembro comunitario, porque el país se siente traicionado por Europa, seguirá necesitando de la financiación europea y de sus relaciones comerciales. Sin embargo, en el conservador barrio de Kasimpasa, donde creció el presidente, celebran su gran triunfo.

«El renacer de Turquía vendrá después de hoy (ayer), con la ayuda de Dios», expresa vehemente Hidayet Candan, estudiante de Medicina, que hace el gesto de los cuatro dedos extendidos (la señal de victoria de los Hermanos Musulmanes de Egipto, que copió después la militancia del AKP). «Erdogan ha hecho de Turquía un gran país con grandes inversiones en el sector público. En unos años estarán acabadas las obras del aeropuerto más grande del mundo. No necesitamos a Europa para nada; la UE nos necesita a nosotros», fanfarronea su amigo Ziya Kap, gestor de seguros. Este vecindario de clase obrera es la cantera de la que se ha nutrido desde hace 15 años el gobernante partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP). Coronando el barrio, en lo alto de una colina está el renovado estadio de fútbol Recep Tayyip Erdogan, donde el presidente jugó en su juventud. Como en un santuario, se exponen fotografías en blanco y negro de un Erdogan imberbe con pantalones cortos y calzas largas.

Con orgullo, los vecinos cuentan que en el colegio público Piyalepasa se graduó el dirigente de la nación se graduó el presidente de la nación y el alcalde del distrito de Beyoglu, Ahmet Misbah Demircan. Muchos de los votos a favor del referéndum presidencialista salieron ayer de las urnas de los cinco colegios electorales de Kasimpasa. La campaña del «sí» y el «no» ha dividido a los turcos, incluso a aquellos que votaron al AKP en las pasadas elecciones. El giro autoritario de Erdogan y la purga de intelectuales, periodistas, opositores y líderes políticos tras el fallido golpe de Estado de julio de 2016 ha hecho que muchos turcos, aunque sean nacionalistas y conservadores, estén preocupados por el futuro de Turquía. «Soy nacionalista, pero digo que no al referéndum. Digo no a la opresión y a un régimen dictatorial», dice Lak Özer, partidaria del ultranacionalista MHP.

Bekir Özcan, presidente de distrito del Partido Republicano del Pueblo (CHP) opina que el ajustado resultado a favor del «sí» es un síntoma de que el AKP se está debilitando. En las tres principales ciudades del país ha ganado el «no». Ankara lo apoyó con un 51,13% y en Estambul con un 51,35%. «Hay fracturas dentro del partido. Hay un sector que no ve con buenos ojos que haya desaparecido la figura del primer ministro. No se puede confiar todo el poder a un solo hombre y esto pasará factura al AKP», manifiesta el líder kemalista. «Erdogan se jugaba mucho en este referéndum. Y no iba a dejarse vencer tan fácilmente», señala Özcan, en alusión a posible fraude.

Precisamente, el CHP, principal partido de la oposición y que ha liderado la campaña del «no», impugnó ayer los resultados. Erdal Aksünger, portavoz del CHP, señaló a la Prensa que su partido impugnará el 37% de las urnas escrutadas, porque hay «mucha manipulación». Con ello se refería a las papeletas que no habían sido previamente selladas por el equipo de la mesa electoral y que a última hora, la Junta Suprema Electoral dio por válidas para el recuento.

El aislamiento de Turquía hacia Europa y su peligroso acercamiento a Rusia y a los países árabes suníes del Golfo podrían tirar al traste los principios laicos sobre los que se fundó la Turquía moderna.

Con su altanería habitual, el presidente Erdogan sacó a Turquía del crédito de ayuda de Fondo Internacional Monetario, alegando que tenia saldada su deuda. Pero la vorágine de construcciones que engulle Estambul está financiada por los petrodólares del Golfo.

“El aislamiento a Europa no beneficia al progreso ni al desarrollo del país. Estamos viviendo un progreso de regresión, de retorno al Islam que contradice a la Turquía moderna ”, opina Seher Senturk, activista e intelectual kurda que formó parte de los movimientos izquierdistas de los 70.

Desde la asonada militar la economía turca ha entrado en receso y la moneda se ha devaluado a marchas forzadas. La propaganda electoralista del AKP ha acusado a la insurrectos militares, y a los países occidentales que los apoyaron, de haber hundido la economía turca pero “son las grandes inversiones, las obras faraónicas de Erdogan las que han dejado vacías las arcas públicas”, denuncia el economista Avni Türkap.