Continuidad contra ruptura

Las relaciones diplomáticas. Pese al abismo que les separa en política exterior, ninguno de los dos candidatos modificará las relaciones bilaterales entre España y EE UU

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Pese al abismo que les separa en política exterior, ninguno de los dos candidatos modificará las relaciones bilaterales entre España y EE UU

El sistema político de Estados Unidos va a salir debilitado de las elecciones gane quien gane. No sólo ha sido una campaña descalificatoria con palabras gruesas («Hillary debería estar en la cárcel», «Trump es un machista ignorante»), sino enormemente visceral. Muchos partidarios de los candidatos piensan, algo menos evidente en otras elecciones, que el bando rival ha utilizado procedimientos arteros para ganar votos. Ocurrió al final de la elección entre el republicano George W. Bush y el demócrata Al Gore en 2000, pero que ahora ha permeado, con profundidad una buena parte de la campaña.

En política exterior las diferencias entre uno u otro presidente serían –al menos sobre el papel, luego la realidad se impone en muchos aspectos– bastante notables. Para comenzar, la candidata demócrata, Hillary Clinton, es una profunda conocedora de las relaciones internacionales y, en consecuencia, posee más realismo. En cambio, su rival republicano, Donald Trump, tiene un bagaje muchísimo más pobre en ese campo y, por lo tanto, añadido eso a su carácter, es más propenso a tener expresiones y planes más rupestres, un tanto irrealizables.

Hillary significaría la continuidad. Es sabido que tenía disensiones con Obama cuando fue secretaria de Estado. Curiosamente, en Libia o en Siria, el presidente era el palomo, el cauto, y ella el halcón. Pensaba, por ejemplo, que se tendría que haber intervenido directamente contra el presidente sirio, que dado que Obama había manifestado que si Bachar al Asad utilizaba armamento químico eso sería una «línea roja» –que Washington no podía permitirse mirar para otra parte cuando resultaba obvio que las había utilizado–, y no solucionaba el problema y dejaba en mal lugar a Estados Unidos. También fue más incisiva en la finalización de Osama Bin Laden. Cuando Obama vacilaba sobre las consecuencias de bombardear en Pakistán el chalet en el que se ocultaba el terrorista, Clinton estaba en el grupo expeditivo y en una reunión del sanedrín de seguridad de Obama donde se planteó la dificultad de lanzar el ataque de los comandos en momentos de la cena que al presidente le ofrecían los corresponsales de prensa soltó: «A tomar por culo la cena».

La posible presidenta fue atada en corto por Obama en su época de secretaria de Estado. El presidente tomaba las decisiones importantes. Hillary hizo una gestión de la política exterior aceptable, extraordinaria, según sus corifeos, lo que es una exageración, pero no cabe duda de que tiene inteligencia y conocimientos de los dosieres importantes. Conoce asimismo que el mundo unipolar que surgió de la caída del Muro de Berlín pasó a la historia. Estados Unidos tiene limitaciones. Es la mayor potencia de la historia, pero los condicionantes, los frenos, China, Rusia, están ahí para no desaparecer. Habrá que ver, una vez en el poder, si los bandazos electorales que ha dado en algún tema importante, como los tratados comerciales, se abandonan dentro de la Casa Blanca.

Trump está en pelotas en política exterior, pero curiosamente, aparte de la promesa de bajar sensiblemente los impuestos, pocas cosas de su doctrina tendrán más eco en la opinión pública americana que alguno de los enunciados en el aspecto exterior. Su idea de completar el muro con México puede ser utópica pero no chirría en la mente estadounidense, el reducir al máximo la entrada de musulmanes tampoco desagrada por la identificación precipitada con el atentado del 11 de septiembre y, sobre todo, pregonar que Washington no puede seguir pagando las alegrías de defensa del mundo libre, que los europeos son unos gorrones a expensas de Estados Unidos cuando se trata de combatir a enemigos comunes (terroristas islámicos, etc...) es algo que convence plenamente a la gente. Sus proclamas de que China y Rusia –un hombre que admira a Putin– están «ridiculizando» a Estados Unidos no parecen, si fueran ciertas, solucionables. Ninguno de los dos candidatos cambiaría la política con España. La que menos Clinton, que es la que va a ganar.

*Embajador de España