Crisis de Gobierno en Israel por la estrategia en Gaza

El «premier» israelí, con ajustada mayoría en el Parlamento, trata de evitar un adelanto electoral.

Un grupo de palestinos quema la imagen del dimitido ministro de Defensa, Avigdor Lieberman, en las calles de Gaza
Un grupo de palestinos quema la imagen del dimitido ministro de Defensa, Avigdor Lieberman, en las calles de Gaza

El «premier» israelí, con ajustada mayoría en el Parlamento, trata de evitar un adelanto electoral.

Menos de un día después de la entrada en vigor del alto el fuego entre Israel y Hamas, el ministro de Defensa israelí, Avigdor Lieberman, dimitió explicando que la aceptación de esa tregua por parte del Gobierno es «una rendición ante el terrorismo». «No hay otra forma de interpretarlo. Ése es su significado», recalcó, asegurando que, «en estas condiciones, no podría mirar a los ojos a los habitantes del sur que viven en manos de Hamas».

Esta organización y la Yihad Islámica dispararon, en apenas 48 horas, 460 cohetes y balas de mortero hacia comunidades civiles del sur de Israel, a lo cual, en opinión de Lieberman, Israel tendría que haber respondido con un operativo mucho más contundente. Sus tropas atacaron 120 posiciones de los dos grupos armados, destruyendo 80 de sus edificios, cuatro de ellos calificados de «blancos estratégicos».

Sin mencionar explícitamente al primer ministro, Benjamin Netanyahu, Lieberman criticó duramente su política ante Hamas, pero no solo ante la última escalada de tensión. Dio como ejemplos la reciente introducción en la franja de Gaza de combustible financiado por Qatar y el permiso dado a un emisario de Doha para entregar a Hamas 15 millones de dólares en efectivo con los que pagar los sueldos de sus funcionarios. Asimismo, reprochó que todo ello se haya hecho para intentar lograr un acuerdo con la organización. «A Hamas no le interesa mejorar la situación de la población», aseguró Lieberman. «Tienen un presupuesto de 270 millones de dólares, pero lo utilizan para su fuerza militar», acusó.

La pregunta inmediata es qué efecto provocará la renuncia de Lieberman sobre el futuro del Gabinete. El punto clave parece estar en cumplir o no la exigencia de otro miembro de la coalición, el ministro de Educación, Naftali Bennett, jefe del partido Hogar Judío, de ser él el sucesor de Lieberman, algo que no parece en absoluto que Netanyahu acepte. Pero éste está entre la espada y la pared y ya inició ayer una serie de consultas con miembros de la coalición con el objetivo de «estabilizarla», según varios de sus allegados. Un choque frontal –y bastante cercano– con Bennett podría conducir al adelanto de las elecciones, ya que sin los ocho escaños de Hogar Judío, Netanyahu cae. Ahora mismo cuenta con 61 y la oposición con 59. Así lo reconoce el profesor Abraham Diskin, experto en Ciencias Políticas de la Universidad Hebrea de Jerusalén, para el que «el escenario actual es el más cercano que ha habido en mucho tiempo a un adelanto electoral». Lo más probable ahora es que el primer ministro asuma personalmente la cartera de Defensa, como en otros momentos y por largos períodos, hicieron varios de sus antecesores, tanto el fundador de Israel, David Ben Gurion, como Isaac Rabin, entre otros. El problema es que Netanyahu ya es no solo primer ministro, sino también titular de Exteriores, y ser responsable de tres carteras centrales en un país tan exigente como Israel resulta especialmente problemático, tanto en términos políticos como prácticos.

Además, y para escarnio de buena parte de la clase política y la población israelí, ayer Hamas celebraba la dimisión de Lieberman como un triunfo de la organización.Cientos de palestinos salieron a las calles de la Franja a repartir caramelos y festejar la marcha del ministro, que presentaron como la «admisión de su fracaso». Todo, bajo el lema: «En 24 horas derribamos a Lieberman». En las redes sociales de la organización Hamas, aparecían también frases como «echamos a Lieberman, echaremos al que le suceda, y luego también a Abu Mazen», en referencia al presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abas.

Las críticas a Netanyahu por el alto el fuego, cruzan líneas políticas. Políticos de uno y otro bando y analistas de diversas tendencias dudan de que la resolución de la última escalada de tensión contribuya a reinstaurar la capacidad israelí de disuadir a Hamas. A eso se unieron las manifestaciones de israelíes de zonas próximas a Gaza que quedaron con la sensación que no se hizo nada que pueda mejorar significativamente su seguridad. Pero Netanyahu declaró ayer que «hay situaciones de emergencia en las que un líder no puede compartir con el pueblo todas las consideraciones en base a las que toma decisiones claves para la seguridad».