De Villa Miseria a las pasarelas de moda

Nace Guido Models, la primera agencia de modelos en Villa 31, uno de los mayores barrios marginales de Buenos Aires

Dos de las modelos y un miembro del pequeño equipo de la agencia
Dos de las modelos y un miembro del pequeño equipo de la agencia

Con la pose firme, la mirada fija al frente y un andar seductor, Delia brilla entre las destartaladas calles de la Villa 31, uno de los mayores asentamientos marginales de Buenos Aires. Esta joven argentina de 17 años es una de las 30 chicas que conforman Guido Models, la primera agencia de modelos creada en una villa miseria.

Argentinas, bolivianas, paraguayas y peruanas buscan en la pasarela una vida mejor, alejada de la Villa 31. "Quiero ayudarlas a que tengan otra visión, una nueva perspectiva, que sepan que ellas pueden hacer algo más y que, para eso, nunca tienen que dejar de estudiar. Por eso, la primera consigna es que les vaya bien en la escuela", subraya el boliviano Guido Fuentes, fundador de la escuela de modelos.

El modisto gestó esta academia hace tres años en su propia casa, en una de las calles del asentamiento, donde las chicas acuden tres veces por semana para aprender a caminar con tacones, dar giros "con estilo"y ubicar la mirada en el público.

Guido que se crió en Cochabamba, donde reside su familia, aprendió el oficio en varios talleres textiles de familias coreanas situados en el barrio, con sus ahorros compró dos máquinas de coser con las que confecciona buena parte de los vestidos que son exhibidos en la pasarela.

"Empecé tocando las puertas de las casas de la villa para comentarles a las madres la propuesta e invitar a las chicas a la escuela. El primer día vinieron sólo tres. Pero un par de semanas después ya eran más de 30 aprendiendo a desfilar en el pasillo de mi casa", recuerda Fuentes.

Así, en un corredor de cemento de apenas un metro de ancho rodeado de maderas y algún maniquí maltrecho por el camino, las jóvenes, de entre 8 y 21 años, comenzaron a echar a rodar su sueño de llegar a la portada de las revistas.

Desfile en el mercado

Es sábado a la tarde. En el interior de la casa de Guido, las chicas se visten y peinan antes del gran desfile. Una maquilladora, un peluquero, y el arte de las propias modelos.

Delia permanece sentada mientras la peinan y reflexiona, "me falta un montón todavía, aunque llevo tres años. Pienso en desfilar, como posar, no pienso en si hay gente porque si no, me pongo muy nerviosa y no voy a poder caminar. No, no me pongo tan nerviosa, bueno el primer día que lo hice sí, fue un horror. Y si sueño con ser con ser famosa, viajar, tener fama, conocer gente famosa".

El transito hasta la pista de fútbol donde se celebrará el desfile no es fácil. Para escoltarlas, la comisaria ha congregado un grupo de policías que nos miran sonrientes. De a poco las chicas van saliendo por el pasillo ante la atenta mirada de los vecinos muchos de ellos procedentes de naciones fronterizas, que llegaron a Argentina en busca de un mejor horizonte y chocaron con la escasez de oportunidades en un país donde la pobreza alcanza al 13,9 por ciento de la población, según cifras oficiales, aunque la Iglesia católica advirtió meses atrás que trepa al 40 por ciento.

Las chicas visten trajes de gala. Tacones de punta que se hunden en el barro. Con varios nubarrones amenazando la velada, las chicas empiezan a desfilar. Delia lleva puesto un vestido de novia, a su lado un perro se cruza, no parece perturbarla. Es una profesional abstraída del entorno, concentrada y segura. De fondo suena cumbia, algún vecino chifla y dice un piropo desubicado, pero la mayoría respeta entusiasmada.

El paisaje es el propio de un asentamiento donde residen más de 30.000 personas de pocos recursos. Un laberinto de casas precarias de ladrillo y chapa, basura en las calles y alguna fogata para calentarse.

Empieza a llover, hay que trasladar el desfile al mercado techado con lonas. Las modelos se cambian en un tenderete improvisado para entre cajas de frutas y verduras aparecer deslumbrantes, mostrando orgullosas la segunda tanda de ropa.

A Ariana de 14 años, el vestido de noche color "galáctico"le queda perfecto. En poco más de cinco metros de espacio se mueve con soltura, elegante. Lejos quedan los acomodados barrios de Palermo y Recoleta, pero su origen es la Villa 31 y allí desfila orgullosa. "Llevo viniendo años porque me gustan las cámaras, estoy aburrida en casa vengo y cambio de ropa, cambio la forma de ser, de mi cara, me da un estilo diferente"asegura.

Así es Guido Models, una fábrica de sueños para las jóvenes de la Villa 31, una utopía llena de glamour con un lema: La belleza no obedece el dinero. Y es que las hermosas historias suelen tener un final feliz y quizás pronto, veamos a una de estas modelos villeras triunfar en París.