Del «Welcome refugees» al «Refugees go home»

Sin una política europea común, el reparto de refugiados y el auge de la islamofobia abren una brecha insalvable entre el este y el oeste de la UE

Hacia el dorado europeo. Un coche de la Policía alemana guía a centenares de refugiados tras cruzar la frontera con Austria en octubre de 2015
Hacia el dorado europeo. Un coche de la Policía alemana guía a centenares de refugiados tras cruzar la frontera con Austria en octubre de 2015

Sin una política europea común, el reparto de refugiados y el auge de la islamofobia abren una brecha insalvable entre el este y el oeste de la UE

La llegada de refugiados ha sido junto a la crisis de deuda y el Brexit los mayores retos a los que ha tenido que enfrentarse el proyecto europeo en la última década. En el último año, tras la firma del acuerdo con Turquía en marzo, el flujo de migrantes que intentan llegar al Dorado Europeo ha caído abruptamente tras registrar en el año 2015 el récord de 1.255.600, el doble que el año anterior. Pero la crisis no está cerrada, pues este acuerdo pende de un hilo y la canciller alemana, Angela Merkel, no ha sido capaz de marcar el paso para conseguir un sistema de cuotas de asilo centralizada en el que los países europeos compartan la responsabilidad, ante el boicot de los países del Este y la tibieza de Francia, su aliado natural. Fuertes discrepancias que han creado un enrarecimiento en las relaciones entre François Hollande y Merkel que afectan al proyecto europeo en su conjunto.

Algunas voces acusan a Merkel de haber actuado en beneficio propio tras haber pedido excesivos sacrificios a las economías periféricas durante la crisis y exigir una solidaridad al resto que Berlín no ha demostrado en los últimos años. Es aplastante la mayoría de refugiados que elige Alemania como probable tierra de acogida, con un 80% del total a pesar de la disminución de las cifras globales, debido a su generoso régimen de ayudas y los vínculos establecidos con familiares y allegados ya residentes en el país.

«Merkel no abrió las fronteras de par en par sin control, fueron los demás los que las cerraron», insisten reiteradamente fuentes diplomáticas alemanas en referencia al momento en el que Merkel reacciona ante la clausura de la ruta de los Balcanes en septiembre de 2015 y el impacto mediático de Alan, el niño sirio ahogado a las puertas de Europa.

En la última década se ha abierto una brecha Este-Oeste. Algo se ha quebrado y va a ser muy difícil de recomponer. La propuesta de la Comisión Europea de hacer pagar 250.000 euros por refugiado a los países que no quieran alojar a demandantes de asilo tan sólo ha conseguido crispar aún más los ánimos. El grupo de Visegrado (Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia) rechaza sin ambages no sólo el sistema de cuotas, sino que también promueven sin disimulo el veto de los refugiados musulmanes a favor de los cristianos. Soflamas que chocan de lleno con el espíritu fundacional europeo, pero ante las que Bruselas ha reaccionado con timidez. El terreno de cultivo para la islamofobia no es nuevo. Alcanzó proporciones preocupantes tras los sucesos de la Nochevieja en Colonia del año pasado, a pesar de que se demostró el bajo número de demandantes de asilo involucrados.

La normalidad no ha llegado, a pesar del notable frenazo en las llegadas a las islas griegas debido al acuerdo con Turquía. «No hay ‘‘plan B’’ en Europa al acuerdo migratorio con Erdogan», explica a LA RAZÓN Laura Batalla, secretaria general del grupo Friends of Turkey del Parlamento Europeo, que achaca a «la falta de voluntad política» que los Veintiocho hayan tenido que echarse en brazos del régimen turco. En octubre, la Comisión Europea autorizó la prórroga de los controles fronterizos internos dentro del espacio Schengen al menos hasta febrero de 2017. Bruselas se mostró comprensiva con Alemania, Austria, Dinamarca, Suecia y Noruega al alegar que «las circunstancias excepcionales que los motivaron siguen existiendo». La excepcionalidad es la norma.

«Eliminarlos de la faz de la tierra»

El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump envió sus condolencias a las familias de las víctimas del atentado de Berlín y aprovechó para indicar que está dispuesto a «eliminar de la faz de la Tierra a los terroristas, una misión que llevaremos a cabo con todos los socios que aman la libertad».