Diplomacia ambiciosa para frenar a Irán

La retirada de Emiratos Árabes Unidos de la guerra de Yemen es una oportunidad para poner fin al conflicto de cuatro años.

Milicianos hutíes se retiran de la ciudad de Hodeidah en Yemen
Milicianos hutíes se retiran de la ciudad de Hodeidah en Yemen

La retirada de Emiratos Árabes Unidos de la guerra de Yemen es una oportunidad para poner fin al conflicto de cuatro años.

Emiratos Árabes Unidos (EAU) ha asegurado que los rebeldes hutíes respaldados por Irán deben considerar que la retirada militar de Yemen es una «oportunidad crítica» para terminar la guerra con la coalición liderada por los saudíes. «Los partidos yemeníes, específicamente los hutíes, deberían ver este movimiento como lo que es: una medida de fomento de la confianza para crear un nuevo impulso para poner fin al conflicto», escribió Anwar Gargash, ministro de Estado para Asuntos Exteriores, en un artículo en «The Washington Post» el martes.

EAU está reduciendo su papel militar en una guerra que ya dura cuatro años, que no ha logrado desalojar a los rebeldes hutíes respaldados por Irán de la capital, Saná, y que ha traído consigo un desastre humanitario que ha llevado al país al borde de la hambruna. La coalición culpa a Irán por suministrar a los hutíes armas cada vez más sofisticadas que les ayudaron a lanzar ataques contra objetivos de infraestructura vitales en Arabia Saudí.

No obstante, la medida no dejará a Yemen con un vacío de seguridad y la presencia militar de EE UU permanecerá, según escribió Gargash. «Continuaremos asesorando y asistiendo a las fuerzas locales de Yemen», dijo. «Responderemos a los ataques contra la coalición y contra los Estados vecinos».

La retirada de Emiratos Árabes Unidos debería reducir algo la intensidad de la guerra y mejorar ligeramente las condiciones para los civiles yemeníes.

Surge una pregunta importante: ¿Irán está listo para la paz? No es seguro.

Irán plantea un desafío integral a los intereses de Estados Unidos y sus aliados y socios en Oriente Medio. Durante las últimas cuatro décadas, ha logrado establecer un «arco de influencia» que se extiende desde Líbano y Siria en el Levante, a Irak y Bahréin en el Golfo, así como a Yemen en el mar Rojo. Lo que Estados Unidos necesita ahora es una estrategia integral, integrada y sostenible de «retroceso».

El comandante del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) de Irán, Qassem Soleimani, declaró recientemente: «El mar Rojo, que era seguro, ya no está seguro por la presencia estadounidense».

Sin duda, las acciones destructivas de Irán (ataques a los petroleros, apoyo a los ataques con cohetes por parte de los rebeldes hutíes en Yemen, el derribo de un avión no tripulado de reconocimiento de Estados Unidos) deben ser condenados y contrarrestados. Pero la política actual de Estados Unidos parece estar haciendo que Irán sea más imprudente, no menos. Es importante en esta etapa considerar la mejor manera de proteger los intereses de Estados Unidos y mantener la presión sobre Irán sin aumentar aún más los riesgos de un conflicto impredecible.

Un mejor enfoque reconocería primero que el supuesto clave que subyace a la política actual –aquel que dice que solo la «máxima presión» obligará a Irán a nuevas conversaciones en los términos marcados por Estados Unidos–, ha resultado poco eficiente. Desde que EE UU abandonó la mesa de negociación hace un año, Irán no se ha mostrado dispuesto a regresar. Es preciso establecer las condiciones para un acuerdo nuclear mejorado, a través de una combinación de presión e incentivos limitados vinculados a objetivos bien definidos.

La situación ha sacudido el Golfo Pérsico cuando saudíes, japoneses y otros barcos cisterna sufrieron daños en ataques navales. Sin una prueba decisiva, se señaló a Irán como culpable. En respuesta, los hutíes lanzaron misiles contra Arabia Saudí, lo que provocó gritos de batalla contra Irán. La Administración de Estados Unidos tiene una visión y aspiraciones con respecto a Irán, pero carece de una estrategia para llevarlas a cabo. Las sanciones impuestas por Trump se encuentran entre las más duras que ha conocido el país, pero ocho meses después de su implementación aún no han hecho que Irán ceda. Se debe implementar una estrategia fuerte, pero comedida, teniendo en cuenta los siguientes elementos.

En primer lugar, un mejor uso de la fuerza militar se centraría en proteger el transporte marítimo internacional a través del estrecho de Ormuz con una amplia coalición naval. Puede incluir socios militares a largo plazo, como Reino Unido y Francia, y aliados de la región del Golfo, así como Asia, incluyendo Japón y Corea del Sur, dada su dependencia del petróleo de Oriente Medio.

En segundo lugar, Estados Unidos debería tratar al pueblo iraní como socio. Los iraníes históricamente son la población más prooccidental de la región. Ahora viven bajo un régimen represivo. Estados Unidos puede apoyar al pueblo de Irán levantando la prohibición de viajar a los ciudadanos iraníes. Washington debería querer que los iraníes con visas válidas experimenten la cultura y las libertades estadounidenses.

Por último, se debe reforzar la presión con la diplomacia regional. Europa debe jugar un papel importante. Como el senador Tom Cotton reflexionó en 2017: «Éstas fueron las sanciones más duras que Irán haya enfrentado, y ayudaron a que el régimen se pusiera de rodillas. Una cosa que aprendí en el Ejército es que cuando tu oponente está de rodillas, lo arrojas al suelo y lo ahogas. Pero el presidente Obama extendió una mano y ayudó a los ayatolás a levantarse». Cotton y otros opositores al acuerdo nuclear creen que las sanciones paralizantes en ese momento podrían haber provocado restricciones mucho más duras sobre las capacidades nucleares de Irán, así como concesiones de gran alcance en torno a su postura regional.

Ahora es el momento perfecto para que los defensores de una diplomacia más ambiciosa con Teherán pongan toda la carne en el asador y llevar sus opiniones a la práctica.