EE UU enfurece a China al enviar un buque de guerra a las islas en disputa

Pekín protesta por «la provocación», pero el Pentágono responde que son aguas internacionales

ENERO DE 2015. La construcción de China en Fiery Cross es evidente
ENERO DE 2015. La construcción de China en Fiery Cross es evidente

Pekín protesta por «la provocación», pero el Pentágono responde que son aguas internacionales

El paso de un buque de guerra estadounidense ayer cerca de una de las islas artificiales que China ha construido en el mar de China Meridional ha supuesto un nuevo desafío para Pekín, que calificó el acto como una «provocación en contra de sus derechos legítimos» y una amenaza a su soberanía. El destructor «USS Lassen» comenzó su misión alrededor de las 06:40 hora local del martes bajo las órdenes de la Marina americana. Escoltado por aviones de vigilancia, navegó a doce millas náuticas (22,2 kilómetros) de una de las islas artificiales construidas en el arrecife Subi, en el archipiélago Spratly. Según informaron los oficiales norteamericanos, China no estaba informada del desarrollo de una misión que finalmente duró un par de horas.

Precisamente, el ministro de Exteriores chino informó más tarde de que las «autoridades pertinentes» habían «monitorizado, seguido y advertido» al navío americano de que había entrado de manera «ilegal» en aguas cercanas a las islas Spratly sin permiso del Gobierno chino. Sin embargo, el portavoz del Departamento de Estado americano, John Kirby, ya había anticipado que «no tienes que consultar a ninguna nación cuando estás ejerciendo tu derecho a la libertad de navegación en aguas internacionales».

Para las autoridades del gigante asiático este tipo de «trucos» para patrullar en las aguas del mar de China Meridional, disputadas también por Vietnam, Filipinas, Taiwán, Malasia y Brunéi, no deja de ocultar el lado hacia el que se inclina Estados Unidos. «Este agresivo comportamiento es altamente irresponsable y peligroso e incumple la promesa de Washington de no tomar partido en las disputas del Mar Meridional de China», informó la agencia estatal Xinhua.

La operación llega un mes después del encuentro que los mandatarios de ambos países mantuvieron y en el que el presidente Xi Jinping aseguró que no tenía intención de militarizar las islas. En este sentido, oficiales estadounidenses declararon que esta operación será la primera de una serie de patrullas que se realizarán en la zona disputada en el futuro y cuya finalidad es comprobar que se cumple el compromiso anunciado por Pekín de dar un uso civil a la construcción de estas islas. No obstante, la decisión de seguir con estas operaciones podría elevar aún más las tensiones en una zona por la que transcurre un tercio del tráfico marítimo mundial y en la que se cree que se almacenan grandes reservas de petróleo y de gas bajo su lecho marino. Son este tipo de «acciones provocadoras» las que podrían acelerar las construcciones en la zona, apuntó el portavoz de Exteriores chino, Lu Kang. En la misma línea, Ian Storey, experto en el tema del Instituto de Estudios del Sureste Asiático en Singapur, afirmó a Reuters que la decisión de Washington de patrullar con un buque de guerra y no con un navío más pequeño muestra la determinación del país de enviar una señal a Pekín. «No hay nada más grande excepto un portaaviones. Quieren enviar un mensaje claro a China de que se están tomando el asunto en serio». «Nos reservamos el derecho a tomar acciones futuras», subrayó el portavoz.

Al margen de la normativa internacional y las constantes escaladas de tensión en la zona, el trasfondo del asunto es la desconfianza de Washington en que las construcciones que Pekín lleva a cabo en las islas (el arrecife Subi tiene capacidad para funcionar como pista de aterrizaje), tengan fines militares y no civiles, como asevera China. Como era de esperar, el viceministro de Exteriores chino, Zhang Yesui, convocó ayer al embajador estadounidense, Max Baucus, para quejarse por una acción que considera «extremadamente irresponsable». Las maniobras militares de Estados Unidos en las aguas en disputa amenazan con tensar la cuerda con China, pero cuentan con el visto bueno de Taiwán uno de los siete países asiáticos que reclama la soberanía de las islas.