El ataque que no fue

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump

Esta última semana estuvo marcada por una escalada sin precedentes de tensiones entre Teherán y Washington. Las fuerzas iraníes derribaron un dron estadounidense UAV RQ-4, un acto denominado como «gran error» por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump a través de la red social Twitter. Las autoridades iraníes insisten en que el avión habría entrado en su espacio aéreo, una acusación que el Gobierno estadounidense niega categóricamente. 48 horas después de este grave incidente, Washington anuncia la cancelación «diez minutos antes del ataque» de una respuesta militar contra Irán por considerarla «desproporcionada». Aunque el presidente estadounidense ha renunciado momentáneamente a apretar el gatillo, numerosos observadores temen que la crisis pueda descontrolarse. ¿Significa esta tensión creciente que la región se encuentra en víspera de un conflicto generalizado? Al igual que a principios de los Balcanes del siglo XX, Oriente Medio es indiscutiblemente un polvorín, y como en 1914, el mecanismo de las alianzas tiene el potencial de conducir a un conflicto regional, o incluso global. Si un proyectil golpeara un jardín de infancia o un autobús escolar israelí, se producirían grandes represalias de las FDI y, desde allí, uno podría esperar una escalada a una conflagración a gran escala. Además, la característica de este tipo de hostilidades es la falta de claridad y comunicación, lo que deja espacio para una espiral mal calculada. En los últimos meses, el International Crisis Group advirtió repetidamente que una guerra podría resultar de cualquier paso en falso. Sin embargo, varios factores sugieren que una conflagración regional no es inevitable a corto plazo. Primero, todos los protagonistas son perfectamente conscientes de los peligros de intensificar las escaramuzas y de las consecuencias catastróficas que podría generar una confrontación directa. Es por eso que hasta ahora han evitado pelear entre sí directamente, eligiendo conscientemente en su lugar confiar en la guerra de poderes. Por ejemplo, cuando las Fuerzas Especiales de Estados Unidos matan a mercenarios rusos, no es oficialmente EE UU y Rusia los que luchan entre sí. La forma en que se llevaron a cabo los ataques occidentales del 14 de abril de 2018 contra las instalaciones sirias, y las precauciones tomadas para evitar los objetivos rusos e iraníes, también fueron síntomas de la cautela occidental. A pesar de la vehemencia de Trump, los estadounidenses y sus aliados europeos se muestran reacios a un conflicto que podría conducir a la Tercera Guerra Mundial. Los especialistas también han notado cierta confusión en las cancillerías occidentales e incluso una división en la Casa Blanca entre los que hablan ya de sable y los realistas más prudenciales.

Además, ni Israel ni Irán están dispuestos a desencadenar un conflicto que los envolvería a ellos y a sus socios en el caos regional. Ambos tienen interés en la estabilidad. El lado iraní parece particularmente reacio a ir más allá de la retórica del ojo por ojo y participar en una lógica de confrontación que podría poner en peligro sus ganancias del Levante (Irak-Siria-Líbano).Además, debe tenerse en cuenta que el equilibrio de poder militar entre Irán y sus enemigos regionales es fundamentalmente asimétrico. Y este equilibrio de poder es particularmente desventajoso para Irán en términos de capacidades militares convencionales. La república islámica tiene varios cientos de miles de hombres, pero no cuenta con el equipo militar de alta tecnología para acompañar su despliegue. A diferencia de los iraníes, los saudíes e israelíes tienen acceso a tecnología militar de vanguardia, pero por diversas razones carecen de los medios y la legitimidad para desplegar una fuerza expedicionaria regional. Consciente de esta situación y de los muchos beneficios que se pueden derivar de ella, Irán hará todo lo posible para evitar la hostilidad directa con sus rivales. En un futuro previsible, Teherán continuará desarrollando su enfoque híbrido diseñado para permanecer por debajo del umbral del conflicto armado. La guerra aunque posible, sigue siendo muy improbable. Esto no significa que la paz esté garantizada. La naturaleza asimétrica de la rivalidad creciente desde 2017 entre Irán y EE UU, abre un nuevo período de aislamiento para la República Islámica en la región.