Política

El Brexit caótico está cada vez más cerca

Bruselas publicará la próxima semana el plan de medidas extraordinarias en caso de que el Parlamento británico no apruebe el acuerdo del Brexit

Theresa May, durante su comparecencia ante los periodistas. Abajo, saludando al presidente de la Comisión Europea, Juncker, con una pulsera de Frida Khalo y un detalle de sus botines
Theresa May, durante su comparecencia ante los periodistas. Abajo, saludando al presidente de la Comisión Europea, Juncker, con una pulsera de Frida Khalo y un detalle de sus botines

Bruselas publicará la próxima semana el plan de medidas extraordinarias en caso de que el Parlamento británico no apruebe el acuerdo del Brexit.

Reino Unido y los Veintisiete han empezado a hablar lenguajes distintos. No es la primera vez que sucede durante estas arduas negociaciones del Brexit, pero a medida que el tiempo transcurre, la impresión de que Bruselas y Londres se mueven en planetas diferentes se acrecienta. En este clima de alta tensión, cualquier gesto o palabra inapropiada adquiere significado. Los Veintisiete siguen sin entender exactamente qué pretende la «premier» Theresa May y el diálogo de sordos se ha instalado a ambos lados del Canal de la Mancha. La primera ministra británica, fiel a sí misma, no tira la toalla. Promete seguir luchando por aquello que pide, aunque no se sepa qué es exactamente. Parece que ella es la única que conoce su plan.

Ante la gravedad de la situación, el Ejecutivo comunitario publicará el próximo miércoles todos los planes de contingencia en los que ha estado trabajando los últimos meses ante un eventual Brexit caótico el próximo 29 de marzo de 2019. Hasta el momento, se conocen pocos detalles. El bloque está dispuesto a eximir de visados de corta duración a los británicos siempre y cuando Londres actúe de manera recíproca y permitirá que los aviones del otro lado del Canal de la Mancha sigan aterrizando. En lo demás, hay más preguntas que respuestas. Uno de los más pesimistas fue ayer el primer ministro belga, Charles Michel. «Un no acuerdo es una posibilidad que deberíamos preparar bien, porque las consecuencias para nuestro país serían particularmente negativas». El primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, también se apuntó al bando de los pesimistas al asegurar que un Brexit caótico es «ahora más probable que antes».

Tras el complicado encuentro del jueves, las dos partes intentaron templar los ánimos. May se desayunó ayer con una catarata de portadas de los medios británicos criticando su actuación en Bruselas. En la rueda de prensa concedida ya en la madrugada del viernes, Jean-Claude Juncker tildó de «nebulosa» la intervención de la primera ministra británica. Ya por la mañana, las imágenes de May y Juncker antes del comienzo de la sesión plenaria corrían como la pólvora. En ellas se ve a la británica circunspecta, con cara de pocos amigos, conversando con el presidente de la Comisión Europea y presumiblemente pidiéndole explicaciones por sus palabras.

Los Veintisiete saben que humillar a May (o al menos que así lo perciba la Prensa británica) no es una buena solución. Ya sucedió durante la cumbre de Salzsburgo (Austria) en el mes de septiembre y recomponer las relaciones no fue fácil. Por eso, ayer las dos partes negaron que Juncker se refiriese a la propuesta de la primera ministra con la palabra maldita. Tras este tenso encuentro, el presidente de la Comisión Europea precisó que con «nebulosa» se estaba refiriendo al debate en la Cámara de los comunes. Juncker se mostró ayer preocupado por el tono al otro lado del Canal de la Mancha. «Hay que bajar la temperatura», aseguró el político luxemburgués.

La primera ministra intentó sacar fuerzas de flaqueza para lograr la cuadratura del círculo. May negó que el texto de conclusiones arrancado a sus socios europeos sea tan solo papel mojado y indicó que este tipo de documentos tienen «valor jurídico». A pesar de esta satisfacción, la «premier» sigue insistiendo en que no es suficiente. Deber seguir dando la batalla por aquellas garantías que ha pedido a los Veintisiete. Según ella, en su intervención a puerta cerrada fue «cristalina» sobre sus propósitos. Quizás sean los demás los que no son capaces de entenderla.

En el texto consensuado por las capitales europeas, se vuelve a insistir en que es imposible renegociar el acuerdo y se precisa que la solución de emergencia dada a Irlanda del Norte (el famoso «backstop», una especie de veto que puede dejar a Reino Unido vinculado a la UE durante años) es temporal, aunque no se precisen los límites. Gran parte de los «tories» británicos temen quedar atrapados sine die en la Unión Aduanera de la UE, pero cualquier retirada debe consensuarse entre Reino Unido y los Veintisiete, y el bloque comunitario no va a renunciar a este veto.

La tarde del miércoles, las capitales europeas consensuaron un documento en el que aparecían estas ideas pero en las que también se abría la puerta a garantías adicionales (sin precisar su carácter y recalcando que estas salvaguardas no podían contradecir el documento). Ante la falta de consenso de las capitales, esta tímida mención se cayó del texto definitivo. Francia y España son algunas de las delegaciones que han defendido de manera más clara que no puede haber ninguna solución legalmente vinculante.

Los Veintisiete se resisten a dar saltos al vacío y en hipotecar el futuro del Brexit con concesiones infinitas. Temen acabar siendo chantajeados por Westminster. Ante el huracán al otro lado del Canal de la Mancha, incluso renuncian a uno de sus hobbies favoritos: la convocatoria de nuevas cumbres extraordinarias.