El fiscal general tacha de «mentira abominable» la conexión con Moscú

Jeff Sessions acude a su esperada comparecencia en el Senado para responder sobre su papel en la injerencia rusa y despejar su futuro político, pero queda enredado en la maraña del escándalo.

El fiscal general de EE UU, Jeff Sessions, en el momento de jurar su declaracíon ante el Comité de Inteligencia del Senado, ayer
El fiscal general de EE UU, Jeff Sessions, en el momento de jurar su declaracíon ante el Comité de Inteligencia del Senado, ayer

Jeff Sessions acude a su esperada comparecencia en el Senado para responder sobre su papel en la injerencia rusa y despejar su futuro político, pero queda enredado en la maraña del escándalo.

Jeff Sessions, fiscal general de Estados Unidos, sabía que le iban a «asar» a preguntas durante su comparecencia en el Comité de Inteligencia del Senado. Sabía que su continuidad en el Gobierno de Donald Trump dependía de su testimonio ante los congresistas. Sessions, uno de los más robustos apoyos que tuvo el presidente en la campaña electoral, se retiró en marzo de la investigación sobre la trama rusa después de que se publicara que ocultó al Senado encuentros con funcionarios de ese país antes de las elecciones.

Sessions comenzó su comparecencia negando que mantuviera ningún tipo de reunión con los rusos cara a cara con el objetivo de influir en las presidenciales de 2016 y que sólo coincidió con el embajador en dos actos en los que había más personas. Sessions añadió que si decidió recusarse de esta investigación sobre la trama rusa como máximo responsable de la Justicia de EE UU fue porque podría resultar incompatible que estuviera al cargo de una investigación sobre unos hechos en los que él mismo había participado como asesor de Trump en la campaña.

El fiscal general dijo que las acusaciones de que el equipo del candidato republicano conspiró con funcionarios rusos para dañar la campaña de Hillary Clinton no son ciertas: «Cualquier sugerencia de que he participado en cualquier colusión con el Gobierno ruso para herir a este país, al que he tenido el honor de servir durante 35 años, o que he tratado de socavar la integridad de nuestro proceso democrático, es una mentira espantosa y detestable». Los senadores querían averiguar qué hizo y, quizá más importante, qué no hizo tras la reunión de Trump en el Despacho Oval con James Comey en febrero, cuando éste aún era director del FBI. Supuestamente, el presidente le pidió a Comey que dejara pasar la investigación sobre el ex consejero de Seguridad Nacional Michael Flynn, quien tuvo que dimitir por sus reuniones con funcionarios rusos. Comey dijo que, al pensar que Trump podría mentir sobre sus reuniones, decidió reflejar por escrito el contenido de las mismas. Además, le pidió a Sessions que estuviera presente en futuras reuniones con el mandatario para tener testigos. En este aspecto, Sessions reconoció que el ex director del FBI mostró su preocupación por los protocolos de comunicación con el inquilino de la Casa Blanca.

Asimismo, el fiscal general aseguró que desconoce si Trump grabó en «cintas» sus conversaciones privadas con Comey. Preguntado por el senador Marco Rubio, Sessions reconoció que no sabe si esas grabaciones existen, pero aseguró que, de existir, «probablemente» la Casa Blanca tendría el deber de preservarlas y no podría destruirlas.

El día anterior, el Senado quiso mandar un claro mensaje al presidente ruso, Vladimir Putin, al aprobar sanciones económicas contra quienes lleven a cabo «actividades cibernéticas maliciosas» en nombre de Moscú, suministren armas a Siria o personas vinculadas a los sectores de la Inteligencia y la Defensa rusas.

Antes del testimonio de Sessions se marcó en rojo la declaración de su vicefiscal general, Rod Rosenstein, quien fue preguntado por el futuro del investigador especial de la trama rusa, el ex director del FBI Robert Mueller, quien dirige las pesquisas sobre el «Rusiagate» desde que Comey fuera abruptamente despedido el 9 de mayo. Personajes cercanos a Trump dejaron caer ayer que Mueller no es imparcial y que el presidente está valorando despedirlo, algo sobre lo que la Casa Blanca ayer no se pronunció. Rosenstein dijo al respecto: «Sólo despediría a Mueller si hubiese razón para hacerlo, y, de momento, no existe». A este respecto, Sessions dijo ayer que aún no ha tenido contactos con Mueller, pero añadió que sí tiene confianza en este investigador especial, clave para el futuro de Trump.

La decisión de Rosenstein crea un amplio equipo legal para examinar de forma minuciosa los posibles contactos del equipo de campaña de Trump con Rusia disgusta a los aliados del presidente, que dudan de la imparcialidad de Mueller. El vicefiscal dejó claro que no le corresponde al presidente echar al investigador especial del caso, sino a él, ya que el fiscal general ha tenido que apartarse de esta investigación de forma voluntaria.