El legado de Thatcher divide a los británicos hasta el final

La Razón
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El día que Margaret Thatcher se trasladó a Downing Street, David Cameron, el actual primer ministro británico, tan sólo tenía 12 años. Ed Miliband, el líder de la oposición, 9 y muchos de los 319 de los diputados que forman la Cámara de los Comunes, aquella sala a la que la Dama de Hierro iba siempre con el discurso minuciosamente preparado, ni si quiera habían nacido.

Pero el detalle no impidió que más de 80 parlamentarios –un número mucho más elevado incluso que en la Guerra de Irak- pidieran ayer la palabra en Westminster para rendir tributo a la mujer que cambió para siempre el destino del país. Y es que no hay que olvidar que en el Reino Unido los políticos aún se siguen diferenciando entre aquellos que defienden sus medidas y aquellos que las critican.

Desde medio día hasta bien entrada la noche, tanto en la Cámara de los Comunes como en la Cámara de los Lores –de la que la baronesa siguió siendo miembro hasta su muerte- mantuvo un intenso debate sobre el legado de la líder que más años ha estado en el poder. Si para sus partidarios, Thatcher "salvó"al país y le devolvió su estatuto de potencia internacional, sus detractores no le perdonan los cierres de minas, las privatizaciones, el debilitamiento de los sindicatos o la desregulación financiera.

Cameron fue el primero en rendirla tributo. El premier la calificó como una "mujer extraordinaria"que "fue capaz de romper un grueso techo de cristal"para acceder a las altas esferas de la política británica. "En aquellos tiempos era difícil que una mujer llegara a diputada, prácticamente inconcebible que liderara el Partido Conservador y, según ella misma reconocía, virtualmente imposible que llegara a ser primera ministra. Ella logró las tres cosas", afirmó. Miliband, líder de los laboristas, admitió que, a pesar de sus discrepancias ideológicas, era necesario reconocer que "fue una líder política fuera de lo común e imponente". "Fue una mujer que rompió moldes".

El líder de la oposición dio libertad a sus filas para criticar el legado de la que fue férrea defensora del liberalismo económico, siempre que lo hicieran de manera "respetuosa". Con todo, varios diputados hicieron su último desplante a "Maggie"negándose incluso a atender al pleno extraordinario. Fue el caso de Ronnie Campbell, un ex minero, que recalcó que aunque "algunos creen que es su deber estar allí, para mi no". "Su legado fue la destrucción de miles de empleos", señaló. El que fuera responsable de Salud en la oposición, John Healey, que tampoco estuvo, dijo que aquello "desmesurado"y "un mal uso del Parlamento". El viceprimer ministro Nick Clegg, sin embargo, dijo que a pesar de que era respetable "estar en contra de los dogmas del thatcherismo"había que reconocer a la política sus logros.

Por su parte, Scotland Yard, que ultima los preparativos del funeral del próximo miércoles, bautizado en clave como 'Operation True Blue' ('Operación Azul Verdadero'), confirmó ayer que desplegará un amplio dispositivo antiterrorista ante posibles atentados o disturbios de la extrema izquierda. En este sentido, Martin McGuinnes pidió respeto y criticó las fiestas convocadas para celebrar la muerte de Lady Thatcher, pese a que durante su época como responsable del IRA, la líder conservadora fuese el objetivo principal del grupo terrorista. Convertido hoy en número dos del Sinn Fein y viceprimer ministro del Ejecutivo norirlandés pidió calma a los militantes republicanos: "Thatcher no fue una amiga de la paz, pero no tiene sentido celebrar su muerte".

UN FUNERAL DE 10 MILLONES DE LIBRAS

Mark Thatcher, su hijo, confesó ayer que está muy emocionado por todos los mensajes de condolencia que les están llegando desde todas las partes del mundo. La familia se hará cargo de parte de los gastos del funeral. El Ejecutivo recalcó ayer que no hará pública la cifra total de los gastos hasta que haya tenido lugar el sepelio, pero los medios hablaban ayer de 10 millones de libras. Entre los más de 2.500 invitados de honor que se esperan estarán Nancy Reagan y Mijail Gorbachov. También confirmó ayer su presencia F.W. De Klerk, el último presidente del 'apartheid' y amigo personal de la familia. El cortejo funerario, que discurrirá entre el Parlamento de Westminster y San Pablo, obligará a "blindar"y cerrar al tráfico el centro de Londres el 17 de abril. No será un funeral de Estado, sino "ceremonial"como el que recibieron Lady Di y la Reina Madre. La reina Isabel II ha sido la primera en darle máxima categoría al protocolo, anunciando su presencia junto a Felipe de Edimburgo. Será la primera vez que un monarca asiste a la despedida de un primer ministro desde Winston Churchill.